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Meier, la Biblioteca y la Chalina

 

Cuatro años de Meier en San Isidro

op-meierPor Wilfredo Ardito

Supongo que otros niños tenían intereses diferentes, pero a mis hermanos y a mí nos encantaban las noches que mi papá nos proponía llevarnos hasta la Biblioteca de San Isidro. Muy pronto, él se dio cuenta que la sección para niños era insuficiente para nosotros y el personal accedió que pasáramos a la sala general, en el segundo piso, donde yo pasaba horas fascinado entre libros de historia.

Pese a que ya no la usaba, una noche me chocó mucho ver que la sección para niños había sido desmantelada. Algún alcalde absurdo, designado por el gobierno de Morales Bermúdez, dispuso destinar ese espacio para brindis y ceremonias. Por más de treinta años, la biblioteca quedó sin un espacio para niños, hasta la actual gestión de Antonio Meier.

Cuando éste fue elegido, yo ya vivía en San Isidro, en una callecita muy apacible pese a su cercanía de transitadas avenidas. No tenía mayores expectativas sobre Meier, pero estaba aliviado porque terminaba la penosa gestión de Jorge Salmón, responsable de la desaparición de decenas de árboles para ubicar fuentes gigantescas y grotescos monumentos.

Sin embargo, paulatinamente me di cuenta que la Municipalidad estaba invirtiendo en promover la calidad de vida dentro del distrito, desde la atención médica a domicilio de las personas mayores hasta la protección a los trabajadores de construcción, evitando que se produjeran los accidentes que han ocurrido en numerosos distritos.

El respeto a los peatones se volvió una prioridad: se instalaron semáforos en avenidas como Conquistadores y Dos de Mayo, antaño muy peligrosas. A mi apacible calle le colocaron varios rompemuelles, porque había uno que otro desaforado que pensaba que era una pista de carrera.

Los carteles de Clear Channel y Punto Visual, que obstaculizaban la visión a automovilistas y peatones, fueron retirados por la Municipalidad y esto le costó a Meier que lo denunciaran penalmente. La lucha contra la contaminación visual hizo también que se retiraran muchos avisos de los techos y el Plaza Vea de Miguel Dasso debió modificar sus colores chillones.

Una tarde en el Olivar

Paseando por el Olivar

En la apacible calle donde vivo, la Municipalidad plantó numerosos árboles de flores amarillas que dan agradable sombra. En el Olivar la Municipalidad devolvió a los vecinos una extensa área que estaba cercada, incluyendo una pérgola que estuvo oculta por décadas, y habilitó baños para los transeúntes. Los cruceros peatonales han sido mejorados, para que las personas mayores o con discapacidad no tengan que bajar rampas. Para que los vecinos sientan que el Olivar es suyo, recibían medio kilo de aceitunas cada año.

En los casos en que la gente protestaba, como el proyectado estacionamiento subterráneo bajo el Parque Abtao, la Municipalidad aceptó dar marcha atrás. Sin embargo, sé de un conflicto más fuerte que se ha producido en la avenida Parque Norte.

Es muy positivo reconocer también la seguridad que existe en todo el distrito. El Serenazgo cumple una función disuasiva y está siempre disponible para cualquier emergencia (RP 301: http://reflexionesperuanas.lamula.pe/2010/04/26/rp-302-a-tu-lado-para-siempre/). No se han repetido incidentes como la trágica muerte de Christian Venancio tan pésimamente manejada por la gestión de Salmón.

En cuanto a la biblioteca infantil por fin fue reabierta y ahora está mucho más bonita que en los años setenta, con secciones para padres, títeres y juegos. Se ingresa además directamente desde el Olivar.

 

La nueva Biblioteca infantil
Cuando hace tres semanas, acudí a la Biblioteca para la inauguración de la muestra La Chalina de la Esperanza, que busca sensibilizar a la población sobre la temática de las personas desaparecidas, me pareció excelente que la Municipalidad la auspiciara. Se estaba dando un paso importante en la reconciliación entre los peruanos que tanto sufrieron y aquellos que durante y después del conflicto armado se mantuvieron indiferentes. Al lado de donde me encontraba yo, un televisor mostraba diversas imágenes de aquellos años.

 

 

Meier contemplando la sección tejida por los comuneros de Raccaya, que perdieron a sus hijos durante una de las más terribles masacres cometidas durante el gobierno de Belaúnde. (Foto de Walter Hupiu)
Meier estuvo también en la inauguración... y al día siguiente dispuso que se retirara el video, señalando que se trataba de una exhibición política y que él pensaba que se trataba de una venta de artesanía, pese a que el boletín cultural de la Municipalidad explicaba claramente el sentido de la muestra. Al parecer, el hecho que la mayor cantidad de desapariciones fueran cometidas durante el gobierno de Fernando Belaúnde, disgustaba al Alcalde. Ante estos hechos, la muestra fue levantada por las organizadoras.

 

Cuando supe que Meier no se iba a presentar a la reelección, pensé, en mi calidad de vecino, escribir una RP en agradecimiento por su gestión y sigo pensando que ha sido muy positiva para quienes viven y trabajan en San Isidro. Sin embargo, su penosa intervención frente a esta exhibición demuestra que para muchos peruanos con poder sigue siendo difícil aceptar la dolorosa verdad.

Curiosamente, cerca de Las Begonias, Meier inauguró en junio una estatua de Nelson Mandela. Parece más fácil apostar por la reconciliación en Sudáfrica que en el Perú.

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