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La Catástrofe de Japón

La Catastrofe de Japón

op_1crisisjaponPor Germán Alarco Tosoni

Antes de la crisis en los países árabes y de la catástrofe del Japón la economía internacional seguía en problemas. Aparecían algunas señales positivas y luego otras negativas. La falta de atención a la problemática distributiva, los límites a las políticas fiscales y monetarias anticíclicas y los costos por las políticas de estabilización implementadas en algunos países generaban muchos nubarrones. Con los recientes acontecimientos de los países árabes se reforzaron los problemas del alto y creciente precio del petróleo, que frena el ligero dinamismo en algunas economías. Ahora, desde fines de la semana pasada, el terremoto y tsunami en el Japón tendrían efectos económicos significativos sobre la economía mundial en el corto, mediano y largo plazo.
Pérdida de vidas, activos y producción
La magnitud de la pérdida de vidas y daños a propósito del terremoto y tsunami en el Japón aumentan día a día. Se informa de más de 6,500 vidas humanas perdidas, aunque falta mucho para el conteo final. Los daños en la infraestructura y construcciones en general están siendo valuados preliminarmente en US$ 170,000 millones. Las compañías de seguros hablan de pagar siniestros por US$ 35,000 millones. Sobre este tema no cabe más que nuestra solidaridad con el pueblo japonés. Por otra parte, estas catástrofes naturales no solo nos recuerdan nuestra fragilidad en el mundo, sino que este trágico evento, puede afectar el proceso inconcluso de recuperación de la economía mundial.
La destrucción física reportada asciende al 3.4% del PBI japonés. No es una cifra despreciable. La economía japonesa dispondría ahora de una menor capacidad productiva tanto física como de capital humano. Se ha reducido 10% la capacidad de generación eléctrica del país y al menos 7% la infraestructura portuaria, que afectaría los flujos comerciales de exportación e importación. La menor capacidad productiva reduciría el nivel de ingresos y de demanda del Japón, impactando negativamente en la demanda mundial. Japón demandaría menos bienes y servicios de EE.UU., China, Europa y de los países latinoamericanos como el Perú.
La catástrofe japonesa no sólo ha destruido capital humano y activos fijos, sino que está generando la suspensión de los procesos productivos y por tanto la generación de ingresos y de demanda. En la zona afectada hay importante presencia industrial. Un cálculo somero es que tres semanas de paralización completa de la producción nacional significarían menos ingresos por US$ 300,000 millones (2.1 veces el PBI anual del Perú). Menos exportaciones por US$ 52,500 millones y menores importaciones de nuestros países por US$ 41,000 millones.
Transmisión internacional
La pérdida acumulada de la bolsa de valores japonesa durante los primeros tres días de esta semana fue del 11%. El primer día tuvo una caída del 10%, el segundo de 6% y el tercero un rebrote de poco menos del 6%. Se ha destruido un valor de capitalización bursátil equivalente a US$ 550,000 millones. Cifra nada despreciable que tendrá un impacto negativo sobre las decisiones de consumo privado y demanda en Japón que impactarán negativamente en la demanda mundial. La contracción arrastró a todos los otros mercados de valores internacionales, ya que la pérdida en uno importante se acompaña, para minimizar pérdidas en toda la cartera operada, de una posición de venta y caída de las cotizaciones en los otros.
La economía japonesa es importadora de petróleo, gas natural y carbón. La destrucción de la planta productiva y la menor demanda en el corto plazo está teniendo impactos sobre los precios internacionales de estos insumos, que se han reducido por las menores compras. Sin embargo, es probable, que cuando se inicie la fase de reconstrucción nacional, la demanda de éstos podría ser mayor, presionando al alza sus cotizaciones. Tendríamos entonces un panorama claramente estanflacionario, con una menor demanda para otros productos de importación que afectaría las posibilidades de exportación de bienes diferentes a los energéticos y minerales.
¿Mediano plazo?
Japón contaría con los recursos internos para financiar su proceso de reconstrucción. Ahora es poco probable que obtenga recursos financieros de otros países, a diferencia de la recuperación luego de la II Guerra Mundial en que aprovechó el Plan Marshall. Para la reconstrucción se podrían utilizar parte de los depósitos en el sistema financiero nacional y los excedentes anuales de la balanza de cuenta corriente. Estos excedentes son cerca de US$ 200,000 millones anuales que se destinaban, en gran medida, a comprar bonos del Tesoro norteamericano, al igual que los excedentes chinos y de algunos países árabes. Ahora, con este evento, se quedarían en el Japón, afectando la liquidez global, con impactos aún inciertos en las tasas de interés de largo plazo, las paridades cambiarias y en los flujos de capital internacionales.
La reconstrucción no va a ser fácil. Antes de esta catástrofe el déficit fiscal proyectado del Japón para 2011 era del 6.9% del PBI. Los márgenes de maniobra por el lado de la política fiscal y el endeudamiento público no son ilimitados. Por el lado de la política monetaria, se ha expandido la emisión en casi 14 billones de yenes (US$ 160,000 millones). Las necesidades de mayor liquidez interna evitan el surgimiento de presiones inflacionarias. Ninguno de estos comentarios considera los efectos que podrían surgir de ocurrir una hecatombe nuclear en Fukushima y/o Onagawa. En el mediano plazo aumentaría la demanda y precios de los energéticos no renovables, se afectarían negativamente las operaciones y los programas nucleoeléctricos a nivel mundial.

 

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