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Trabajo decente y fundamentalismo neoliberal

Trabajo decente y fundamentalismo neoliberal

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Por Julio Gamero

La categoría de trabajo decente emergió en un momento en el cual el fundamentalismo neoliberal aún era el “sentido común” en la región (fines de los noventa). En ese sentido, la afirmación de dicho concepto buscaba incorporar en la agenda pública una dimensión del trabajo que se había invisibilizado con la implementación de los ajustes estructurales.

Dicha dimensión se refería a las condiciones laborales en las que se desempeñaban los trabajadores, es decir, el acento se ponía en la calidad de los empleos que se iban generando y en el contexto institucional respectivo. Por ejemplo el diálogo social es uno de dichos elementos, que traducido significaba tomar nota de la densidad del tejido sindical en el país.

En ese sentido el trabajo decente era, y es, una respuesta a los esquemas conceptuales que identifican al mercado de trabajo y a su principal actor, el trabajador, como si fueran iguales que un mercado de papas. Y, por ello, es que en su diagnóstico dél déficit de empleo formal, el fundamentalismo neoliberal “crearía” la figura de los sobre costos laborales como los elementos que estaban detrás de un salario fijado por encima de su precio de equilibrio y que, por ello, persistía el Desempleo o el subempleo.

Dicha argumentación en muchos de los países de la región ha sido cancelada por la contundencia de los hechos. En el Perú, y el actual proceso electoral es prueba de ello, dicho razonamiento aún cuenta con seguidores en la política y en los medios. Este se asienta en premisas conceptuales erróneas. Primero, denomina a las vacaciones, gratificaciones, CTS como “sobre costos” salariales o costos laborales no salariales cuando, bajo cualquier definición legal y económica, son parte del salario anual. Que este se descomponga en dichos elementos no anula su condición salarial en tanto son de libre disposición del trabajador.

Segundo, como supone que el trabajo y el capital son sustitutos perfectos, proponen bajar el salario para disminuir el precio relativo del trabajo y, así, incentivar a las empresas contraten más trabajadores. Pero, el capital y el trabajo son complementarios. La tecnología impone la cantidad de trabajo necesario. Por ello, bajar salarios no aumenta la demanda de trabajo. Aumenta, sí, el margen a favor del capital y con ello genera más desigualdad sin más trabajo.

Tercero, como suponen que el salario está por encima de su precio de equilibrio en razón de la existencia de leyes laborales, sindicatos, salario mínimo; proponen debilitar dicho marco institucional. Esto ya se hizo, fue el resultado de la reforma laboral liberal de comienzos de los noventa. Y que, se sepa, no disminuyó ni el Desempleo ni el subempleo.

Es hora, más bien, del trabajo decente.

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