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Hace medio siglo, una elección competitiva terminó en golpe de Estado

Hace medio siglo, una elección competitiva termino en golpe de estado

op-01competition01Por Fernando Tuesta Soldevilla

Hace medio siglo, en 1962, el Perú vivió una elección sumamente competitiva, que terminó de manera trágica, aun cuando no inusual, con un golpe de Estado.

Finalizaba el segundo gobierno de Manuel Prado y un año antes de las elecciones se realizaron una serie de cambios electorales. Se promulgó el Estatuto Electoral por ley No. 13713, pero no prosperó, ante oposición aprista, la boleta única ni la implantación de la cifra repartidora. Se nombró como Presidente del JNE al fiscal más antiguo de la Corte Suprema, Enrique Bustamante y Corzo.

Para dichas elecciones la UNO lanzó la candidatura de su fundador Manuel A. Odría, acompañado por Víctor Freundt Rossel y Emilio Guimoyo. Contaba con el apoyo de La Prensa. Odría llevó adelante una campaña que intentaba mostrar las obras del ochenio ("hechos y no palabras"), especialmente en las llamadas barriadas de Lima, acompañado siempre de su esposa, María Delgado de Odría, (la llamada "Evita Perón" peruana) repartiendo víveres y ofreciendo trabajo, al más puro estilo asistencialista.

Acción Popular, por su parte, lanzaba la candidatura de su jefe y fundador, Fernando Belaúnde Terry. Este lo hacía por segunda vez y lo acompañaban en la lista Edgardo Seoane Corrales y Fernando Schwalb López Aldana. Recogiendo banderas reformistas Belaúnde hizo una campaña muy extensa, "pueblo por pueblo" como señalaba su lema, bajo la consigna "continuísmo o renovación". Contaba con el apoyo de El Comercio y la revista Caretas.

Por su parte los apristas, que habían logrado su legalidad lanzaron nuevamente, luego de 31 años, la candidatura de Víctor Raúl Haya de la Torre. Este estuvo acompañado de Manuel Seoane Corrales y el independiente Alberto Arca Parró. Aparte de La Tribuna, su diario oficial, el APRA contaba, de alguna manera, con el apoyo de La Crónica y La Prensa, diarios ligados al gobierno pradista, con el que habían celebrado la famosa Convivencia.

La Democracia Cristiana, con menor opción, lanzó la candidatura de su líder máximo Héctor Cornejo Chávez, diputado por Arequipa. Completaron su fórmula Mario Alzamora Valdez y Rafael Cubas Vinatea. La pujanza y calidad de sus integrantes no encontraba apoyo con su limitada estructura orgánica y arraigo popular, lo que sí ocurrió en sectores medios profesionales.

Otras tres candidaturas menores estuvieron representadas por la izquierda tradicional en diversos matices: el general César Pando Egúsquiza por el Frente de Liberación Nacional, patrocinado por el PCP, el abogado Alberto Ruiz Eldredge por el Movimiento Social Progresista, y Luciano Castillo por el Partido Socialista.

Las elecciones de 1962 marcaban un hito en los procesos electorales, tanto por la dinámica de la campaña, la participación de la ciudadanía, así como por la cantidad de manifestaciones públicas a nivel nacional. La televisión, por primera vez en la historia, aparece como medio de comunicación masivo que dinamizó e hizo llegar el mensaje de los candidatos a los hogares más apartados.

Las elecciones se realizaron el 10 de Junio de 1962 con 1'730,000 sufragantes de un total de 2'222,926 inscritos en todo el país. Los resultados iniciales fueron inciertos, confusos y contradictorios. El estrecho margen entre los tres principales candidatos no permitieron proclamar un triunfador definitivo. Pero este margen estrecho margen, permitió la autoproclamación de Belaúnde, el mismo día de los comicios y una respuesta del líder aprista, Manuel Seoane. Si bien "Expreso" titulaba: "Belaúnde pasó el tercio", La Tribuna sostenía: "Va ganando Víctor Raúl". Esta confusión se extendió por muchos días. Finalmente, el JNE proclamó ganador, por estrecho margen, a Víctor Raúl Haya de la Torre con 32.98% de los votos. Lo siguió Fernando Belaúnde Terry con el 32.13% y tercero quedó Manuel A. Odría con el 28.44%. El resto de candidatos sumaron el 7%.

Dado el estrecho margen y, al no superar ningún candidato el tercio electoral, (36%) constitucionalmente requerido para ser proclamado Presidente de la República, se creó una situación crítica e inédita, en la historia del sufragio. El Congreso, lugar en donde el APRA tenía mayoría tenía que elegir, entre los tres candidatos de más alta votación.

El ejército y los grupos reformistas manifestaron, su rechazo al probable triunfo aprista, que en aquel momento, representaba el continuismo y la convivencia. La salida política pasaba por acuerdos entre los partidos mayores. Pocos días antes de instalarse el Congreso, el líder aprista fue comunicado que si era elegido presidente de la república, las Fuerzas Armadas realizarían un golpe de Estado. Haya de la Torre, renuncia así a una probable elección en el Congreso. El centro de la atención radicaba hacia donde se dirigían los votos parlamentarios del Apra. Haya ofreció su apoyo a Belaúnde. Este había denunciado fraude y no aceptó, confiado en que la decisión del JNE, a quien le había solicitado la nulidad de las elecciones en algunos departamentos, le iba a ser favorable.

El líder aprista inclina entonces su decisión, de votar en el Congreso, nada menos que por quien fue su más recalcitrante represor durante su gobierno, el general (r) Manuel A. Odría. Llegaron a elaborar un documento en el que los apristas se comprometían a votar por Odría en el Congreso, respetándose la elección de los vice-presidentes. Se conformaría un gobierno de "ancha base" con un gabinete formado por ambos grupos. El Apra pactaba de esta manera con el grupo más conservador.

Tres días después, el 18 de julio, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas daban deponían al Presidente Manuel Prado, bajo el argumento sosteniendo que se había probado que las elecciones generales estaban llenas de irregularidades. Se conformó una Junta Militar de Gobierno presidida por el general Ricardo Pérez Godoy, quien precedió a anular las elecciones y disolver el parlamento.

No toda elección reñida lleva a un golpe de Estado. Sin embargo, en países con instituciones débiles y élites políticas irresponsables se puede pasar de la estabilidad a la ingobernabilidad. Mirar la historia es un buen método para actuar en el presente (Artículo actualizado del 9 de setiembre de 1991).

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