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La historia se repite

La historia se repite

op01-repePor Ana María Vidal Carrasco

En 1990 atravesábamos una de las peores crisis de la historia económica y social peruana, fina cortesía del gobierno aprista liderado por el actual presidente García Pérez.

La aparición de una figura desconocida hasta ese momento desató las iras de la prensa oficial, y un “chinito” que al principio de la campaña electoral solo inspiraba una leve sonrisa, como quien ahora escucha nombrar a la señora Juliana Reimer, junto con el apoyo aprista y de la izquierda,  fue electo en segunda vuelta por la mayoría de peruanas y peruanos como nuestro presidente.

Alberto Kenya Fujimori Fujimori había llegado al cargo de Jefe de Estado, yuca en mano  y con su frase de batalla:“Honradez, tecnología y trabajo”, ganando  en gran medida porque, a diferencia de su contendor, Mario Vargas Llosa, nos hizo la promesa electoral de que él no aplicaría ningún ajuste económico dramático.

Cuando asumió el poder, los grandes capitales dijeron “a rey muerto, rey puesto”, y rapidito se subieron al coche del nuevo mandatario (¿o emperador?). En el acto, Fujimori incumplió su gran promesa  y mandó a su Ministro de Economía a que nos avise que sí habría ajuste económico,  inmortalizado como el “Fujishock”.  Hasta ahora no sabemos si el mensaje: “Que dios nos ayude” también nos lo mandó a decir Fujimori.

Sabemos cómo acabó su lema electoral: Honradez, fue uno de los gobiernos más corruptos de la historia; tecnología, el Perú a la fecha importa la mayoría de ésta; y en el aspecto del trabajo, los derechos laborales, que se consiguieron a base de luchas y sacrificios de muchos sindicalistas, quedaron reducidos al mínimo, con gran parte de la población cobrando mediante “recibos por honorarios”.

Si hiciéramos un recuento detallado de las muertes que generó ese gobierno (antes y después del golpe de estado del 5 de abril de 1992); de las mujeres y hombres que en base a engaños, y muchas veces a la fuerza, se esterilizaron; las personas inocentes que fueron encarceladas, maltratadas y torturadas para tratar de demostrar que se estaba ganando una guerra (que al parecer nunca ganamos del todo), y como creció el narcotráfico y la delincuencia que este genera; no terminaría nunca de escribir este artículo, pero muchas y muchos ni se inmutarían.

Si sacáramos la cuenta de todo lo que robó la familia Fujimori, junto con Montesinos y  la cúpula gubernamental y militar, y señaláramos al detalle cuántos sueldos se hubieran pagado, cuántas casas se pudieron construir, cuántas niñas y niños alimentar. Quizá la gente se incomodaría más de esto, que por las muertes y los maltratos (les duele más cuando le tocan el bolsillo, que cuando gente a su alrededor muere), pero las encuestas seguirían igual.

Lo amargo es que si cada peruana y peruano conociera esto (y bastantes si lo conocen), Fujimori hija, que dice estar muy orgullosa de su papá y que tiene toda la intención de sacarlo de la cárcel, tendría la misma intención de voto. Lo peligroso es que no solo ella quiere sacarlo de la cárcel, otro candidato que va a delante en las encuestas, Kuczynski, también ha ofrecido indultarlo (especulando en base de una mentira: que tiene cáncer).

Veintiún años después, aunque los protagonistas hayan cambiado de lugar en el escenario,  se repite lo mismo. Ahora la elección no está polarizada entre dos candidatos, esta vez está polarizada entre dos tendencias.

Por un lado Humala, que tiene el papel que en su momento tuvo Fujimori: con  la mayoría de la prensa en contra (si ganara, veríamos como ésta y el gran capital se acomodan rapidito) y proponiendo un sistema económico que se acuerde primero de los más pobres.

En el otro lado, compitiendo por ser quien entre a la segunda vuelta: Kuczynski, Fujimori hija y Toledo (sí pues, Castañeda, ya fue). Los tres proponen seguir con el modelo actual: que a través de la inversión privada del gran capital se beneficie después a los que menos tienen.

Si sale Humala en primera vuelta, es porque hay un gran sector de la población que no está contento con el sistema económico actual,  y que por más que le digan que todo está muy bonito, no quiere y no puede esperar a que se sigan favoreciendo a las grandes empresas, para ver si después algún día le llega el desarrollo económico. ¿Es muy subversivo pedir esto?

Aunque nada nos asegura que, de llegar al poder, Humala cumpla sus promesas (personalmente no creo que lo haga). Lo triste es que no aprendimos mucho, y que vemos a una parte de la población como prescindible, asustándonos por un supuesto “salto al vacío” y que en 21 años no se hizo nada para que el escenario del 90 no se repita.

Por último, sabiendo que en una segunda vuelta es poco probable que Humala gane, lo previsible es que su oponente resulte elegido (con excepción de Kuczynski), con lo cual este sistema que sigue excluyendo a gran parte de la población seguirá, con candidatos que al prometer la libertad de Fujimori papá, están asegurando también la consagración de un Estado corrupto y violador de derechos humanos.

Muchos protestan ahora porque los “milicos” puedan llegar al poder, y pretenden hacerse de la vista gorda y olvidar que el poder de Fujimori se basó en el respaldo que le dio una cúpula militar corrupta.

Y así en los próximos 5 años, seguiremos igual, lamentándonos el 2016 el por qué debemos elegir entre el mal menor, con el agravante que podría volver por tercera vez García Pérez, y así el ciclo se repetirá y repetirá.
Fuente: NoticiasSer

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