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Mi familia y Baguas

Opinión - Pedro Francke

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Soy bien distinto de mis hermanos. A mí me gusta opinar de asuntos públicos y meterme en política, a mis dos hermanos mayores eso les importa un comino. Mientras yo investigo y enseño, mi hermana Elena administra un hotel y consiente a su nieto todo lo que la dejan. Mi hermano, al que le decimos Oso, luego de haber sido gerente de una gran empresa de latas, investiga y recolecta arañas y alacranes en zonas remotas en México. La Marfil, usualmente trabajando intensamente, ahora anda gozando su semi-desempleo y recordando su activismo social. Cada uno  trata de ser feliz a su manera, y nos queremos mucho así.
 
Yo, seguro, no viviría como los awajuns o wampis de la provincia de Condorcanqui. Me gusta la ciudad, sus cines, la Universidad y el intercambio académico. La amazonía es fantástica, para ir de visita de vez en cuando: hace pocos meses que estuve en Puerto Maldonado sentí mucho calor y muchos mosquitos. Pero igual que respecto de mis hermanos, creo que los pueblos indígenas deben buscar ser felices a su manera.
 
El camino del progreso
 
Para los pueblos indígenas, además, las decisiones que deben tomarse no son solo para el hoy. Son en gran medida para el mañana, buscando un camino de progreso que vaya construyendo su futuro colectivo, de tal manera de lograr un contexto más amable y que les abra más oportunidades, dentro de las cuales cada quien escoja su opción.
  
Es un poco como los jóvenes, que tienen mucho más que nosotros adultos que pensar en su futuro. Tienen que escoger un camino, con equivocaciones y enmendaduras a veces, pero también cada uno en lo suyo. Es el caso de mis hijas. Mi hija mayor, viviendo con su novio, trabaja como sicóloga asesorando empresas. La Tere re-inicia universidad ahora en comunicaciones, mientras se decanta por lo que ella llama neo-feminismo junto a su estable pareja femenina. Mae, mi hija menor, ahora terminando colegio, en dudas de qué estudiar, practicando un catolicismo que sin duda no sacó de su familia. Tan hermanas y tan distintas. No tengo dudas que la vida les depara tropiezos, que seguramente cometerán más de un error, pero que tienen que construir su futuro, ellas mismas, ejerciendo su libertad. Lo mismo pienso para los pueblos indígenas.
 
Visiones distintas
 
Dos visiones de desarrollo y de progreso se enfrentaron en Bagua hace un año.
 
El gobierno aprista y los grupos dominantes piensan que hay que privilegiar las ganancias de las trasnacionales, para que así vengan más inversiones y ellos puedan hacer buenos negocios.  Los pueblos indígenas comparten otra visión, en la que el bienestar común, de todos, es la base.
 
Quienes concentran la riqueza y controlan el gobierno  desde siempre piensan que lo único que importa en la vida es el dinero, y quieren acumular millones y millones.  Los pueblos indígenas consideran que vivir bien es vivir en armonía y gozando la naturaleza, con una comunidad con quien compartir amablemente, con buena salud, y claro, también en mejores condiciones económicas. Su alternativa es mantener a los ecosistemas en equilibrio y vivos, y aprovecharlos con ecoturismo, con agroecología, aprovechando las plantas medicinales de manera sostenible y cuidadosa.
 
Alan García está todo el tiempo recibiendo y defendiendo a la trasnacionales, opinando que sólo ellas salvarán al Perú.  Las comunidades saben que el único progreso posible es con el esfuerzo propio.
 
Si sólo fueran caminos distintos pero paralelos, diferentes pero que conviven, como mis hijas. Pero no. Las grandes empresas atropellan y contaminan el ambiente sin importarles en lo más mínimo los efectos sobre la salud y la vida.  Las trasnacionales, con el apoyo de Alan García, como antes lo tuvieron de Fujimori, tratan de sacar los recursos naturales de nuestro país lo más rápido posible, para venderlos al extranjero, sin importarles que nos quedemos sin bosques y sin amazonía, privando a los pueblos indígenas de su forma de vida. 
 
Así no se vale. Con mis hijas, una regla sagrada siempre fue “no valen agresiones”. Si cada uno busca su camino, no se puede estar pisando callos ajenos. Respeto y cancha emparejada
 
Mi padre, que también despreciaba la política, me enseñó una frase: “el respeto al derecho ajeno es la paz”. Cada uno debe poder escoger su propia vida, su propio destino, sus propias búsquedas de progreso. Eso es lo que no se entendió en el conflicto amazónico y lo que no se quiere entender en Islay, pero que puede avanzar con la promulgación y aplicación de la Ley de Consulta a los Pueblos Indígenas, y algún día, con un estado plurinacional.
 
Los peruanos no solamente debemos permitir que los pueblos indígenas y las comunidades campesinas escojan su propio desarrollo. Tenemos además que promover las mejores condiciones para que logren ese progreso, el que ellos escojan. Siglos de opresión y desprecio han frenado sus oportunidades, y como cualquier país que se respete y quiera vivir en paz, la cancha tiene que estar más pareja entre todos sus ciudadanos.
  

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