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El stress post traumático de la derecha

El stress post traumático de la derecha

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Por Alfredo Quintanilla

Es difícil no ser repetitivo en un balance de las elecciones generales, dada la cantidad de opiniones que se leen y escuchan en estos días. Pero me interesaría subrayar algunos hechos. En primer lugar, en las últimas dos semanas la gente común y corriente ha estado hablando de políticos, aunque menos de política, y eso es muy positivo en una nación tan ajena y desconfiada de estos sujetos. En segundo lugar, las elecciones prueban que todavía no somos una nación y menos democrática, aunque el “floro” de los políticos afirme lo contrario. Y no somos una nación porque inmediatamente conocidos los resultados, la parte “moderna” e “integrada” o “globalizada” de los peruanos han arremetido contra los que han votado por los dos primeros candidatos, reluciendo un filoso racismo y un seudoelitismo cultural, acusándolos de ignorantes e irresponsables y clamando una vez más por excluirlos de la comunidad política, vía el voto voluntario.

Hay una tercera constatación que parece menos evidente: el voto cruzado que ejercieron grandes sectores del electorado. Si en El Callao PPK obtuvo 142 mil votos, su lista parlamentaria sólo obtiene 62 mil votos (al 75% del cómputo) Si en Puno, Humala obtuvo 362 mil votos, su lista congresal sólo tiene 160 mil votos al 80% del cómputo. Si Keiko gana en La Libertad (con el endose aprista) con 227 mil votos, su lista congresal gana sólo 156 mil votos, al 80% del cómputo. Eso revela, es verdad, la crisis de los partidos, pero también el comienzo del fin del neoliberalismo y hasta los albores de una ciudadanía crítica y activa.

Tanto el criterio geográfico como el criterio de clase social ratificarían la tesis de Alberto Verga
ra: los sectores globalizados plenamente integrados a la economía y cultura global (en Lima y Callao ganó PPK y en la costa norte gana el fujimorismo) votan diferente de un sector social predominantemente rural, campesino y semiproletario que no ha alcanzado los beneficios del crecimiento. Este último necesita del apoyo del Estado para sobrevivir en el capitalismo salvaje.

Me temo que las siguientes ocho semanas sigan los rumores y suposiciones, las “interpretaciones”, y ”traducciones” de textos y gestos, de imágenes y de emociones más que de razones y argumentos lógicos. Y esto, en buena parte, gracias a una prensa alineada ideológica y políticamente con el neoliberalismo que pretende hacer pasar gato por liebre. Pero es difícil que ello ocurra, dado el apasionamiento de los actores y el derechismo extremo de la mayoría de la prensa que ha producido un tsunami de rumores más que de razones. Por ejemplo, un candidato es hijo y heredero de Chávez; es a la vez un violador de derechos humanos en la lucha contra Sendero y un prosenderista en un video de España.

Pero la heredera de AFF trata de ser presentada como diferente y renovada respecto de ese pasado. Mala suerte para ella, su hermano Kenyi ha dicho que los votos no sólo reivindican a su padre sino a su gobierno.
A fin de cuentas, lo que está en juego es administrar los principales mecanismos del poder en el Perú y ellos, como se sabe, están muy ligados a la posibilidad de hacer negocios y conseguir los favores de la diosa Fortuna. Por eso PPK propone su plan para ablandar a Keiko y de paso compartir la torta.

La actitud de la prensa peruana confirma que no hemos tenido un liberalismo fuerte en el Perú: la mejor versión de él en el siglo XX es el aprismo y ya vemos en lo que ha terminado. Hay que ver si la crucial definición de Mario Vargas Llosa en esta grave coyuntura (“no votaría jamás” por Keiko) no lo regresa al ostracismo al que lo condenaron los demócratas precarios del PPC en los años 90.

¿Para quiénes las elecciones de junio se presentan como un auténtico dilema? Para una clase media instruida, ajena a los extremismos y beneficiaria de la globalización. Es la gente que votó por quien representa lo que aspira en convertirse más que por sus propios representantes, sus pares, sus iguales.

Esas expectativas, esos deseos, son un grueso velo ideológico que la hace identificarse con los de arriba y despreciar a los de abajo, por lo que para la ultraderecha no va a ser difícil con un par de pases mágicos transformar al mal mayor en un mal pasable, reciclado, digno del perdón y del olvido por sus crímenes del pasado reciente. Pero tampoco hay que caer en los maniqueísmos a los que intenta arrastrarnos las angustias y odios de los directores de algunos diarios. Ahí está un instruido, rico, sofisticado y el más globalizado de los peruanos como Gastón Acurio –hijo de cusqueños- que está decidido a enfrentar al racismo endogámico para construir una patria grande.

Fuente: NoticiasSer  

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