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El Perú no es facebook

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Por María Amparo Cruz-Saco

Carlos Iván Degregori comienza su libro La Década de la Antipolítica con una metáfora del país como una gran montaña rusa. Nada más apropiado para describir la marejada de emociones que nos dejan estas elecciones presidenciales.   Lo que aquí está en juego es la fragilidad de un sistema democrático que asegure reglas mínimas para una convivencia pacífica y que, además, dé soporte al sistema económico para que beneficie a las grandes mayorías. No se trata de pensar individualmente sino más bien de sentar las bases de un Estado que mire y respete a sus ciudadanos en su diferencia.

Estas elecciones nos dejan a grandes rasgos varios temas para la reflexión conjunta. El primero es la ceguera de nuestra clase dirigente y de la derecha de reducir el país a su grupo de amigos en facebook o  twitter. El país es mucho más complejo que las redes sociales. Si bien hay un grueso de ciudadanos que hacen uso de ellas en todas las partes del territorio nacional, no se puede reducir pensar el país en términos de pequeños grupos de personas.  Además, ello implica también reflexionar también sobre la modernidad en sí, la cual no se limita a la apertura de centros comerciales ni al uso de redes sociales. La modernidad, para funcionar debe nacer de abajo, y estructurarse de forma diferente considerando la heterogeneidad de sus ciudadanos.  La elite gobernante y económica, como siempre, muestra su lado más hostil y su mirada más etnocéntrica y endogámica, prepotente y discriminatoria. El otro punto que se desprende es que el Perú no es solo Lima y una muestra de ello es la votación de PPK. Ganó Lima, es cierto, pero perdió significativamente en el resto del país y con ello se fueron al agua los sueños y anhelos de muchas personas de empresa de querer emular el primer mundo de burbujas.

El segundo tema es pensar que el modelo económico y del Estado funcionan para todos por igual. El chorreo, contra todas las leyes de la física y como dijera el Padre Gustavo Gutiérrez en la PUCP, chorrea para arriba. “Abajo” nadie percibe los cambios.  La TBC sigue siendo una de las enfermedades más peligrosas y contagiosas en este país y el terremoto de Pisco nos mostró la perversidad del sistema económico. Ica en general era el ejemplo dado por el desarrollo económico con la presencia de agroexportadoras. ¿Qué vimos después del terremoto del 2007?  Gente sin acceso a servicios básicos, un proceso de reconstrucción desigual y que hasta el día de hoy no termina de darse.  Por otro lado, también vimos actuar a la corrupción que se puso de manifiesto en todas sus formas.  Otro contra-ejemplo del actual modelo económico son los cientos de conflictos medio ambientales que día a día se viven en muchas partes del país y la falta de acceso a servicios básicos como agua potable, educación y salud de miles de ciudadanos peruanos que habitan en zonas urbanas, periurbanas y rurales.

El tercer tema es para mí el más importante y que no formó parte de la plataforma política de los candidatos a presidente ni de sus agrupaciones: seguimos siendo un país de posguerra que no mira al otro ni entiende las causas que nos llevaron a desangrarnos entre hermanos en los ochenta y noventa. Perviven muchos conflictos irresueltos. El racismo y la discriminación por color de piel, de procedencia o de género, que aparecen entre las causas de la violencia generada a inicios de la década de los ochenta, se muestra recalcitrante y en efervescencia en estas elecciones. Una débil presencia del Estado continua operando, solo entra el Estado para reprimir manifestaciones en su contra como en el caso Bagua.  La distinción prima en el establecimiento de clases sociales bien diferenciadas y jerarquizadas. La población en aislamiento voluntario no se reduce solo a nativos en la Amazonía peruana sino también a los clubes de playa exclusivos del sur de Lima.  Lo que reflejan estas elecciones una vez más es que somos un país históricamente fragmentado. Las distancias y quebraduras no son solo accidentes geográficos ni distancias físicas. Son sobre todo las distancias culturales y sociales las que seguimos sin comprender y sin atender. Y ya vemos que las redes sociales como facebook o twitter las vuelven más evidentes.

Por último, está el tema del reconocimiento ciudadano que se vuelve preponderante.  No solo debe quedar en las restituciones simbólicas o económicas como es el caso de las víctimas del periodo de violencia. El reconocimiento ciudadano pasa por considerar y pensarse en y a través del otro, esto si queremos un país más inclusivo y una democracia más sólida.
Fuente: NoticiasSer

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