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El candidato de lujo

El candidato de lujo

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Por Mauricio Zavaleta

Hace pocos días el presidente García comentando los resultados de la primera vuelta electoral felicitó a Pedro Pablo Kuczynski por la "hazaña" realizada convocando a los votantes más jóvenes del país. Me resulta curiosa esta percepción, ya que si bien PPK fue apoyado por un grupo numeroso de jóvenes entusiastas desde el inicio de su candidatura, no es cierto que haya logrado captar la mayoría del voto joven: antes que por edad, el voto de PPK se distingue por estrato, siendo el claro favorito en los sectores A y B de la sociedad peruana. Aunque no cuento con evidencia para afirmarlo, es posible que PPK sí haya concentrado su mayor porcentaje dentro de los jóvenes del A/B.

La imagen de PPK – el más antiguo de los candidatos – como líder juvenil empezó con (o en) las redes sociales. A inicios de marzo el candidato superó los 100 mil fanáticos en su página oficial de Facebook (cifra que al final de la campaña duplicó) y la noticia fue rápidamente rebotada por la mayoría de medios de prensa: PPK era el favorito de aquellos jóvenes pegados a internet, los cuales manifestaban sus preferencias políticas a través de ese instrumento casi esotérico para los mayores de cuarenta pero del que la prensa ya viene dado noticias hace algunos años. Pocos días después Kuczynski llegó al 10% de la intención de voto según las encuestas de IOP- PUCP e Ipsos Apoyo y la fiebre PPK se desató: la ciudad de Lima se inundó de cuyes y adolescentes con cintas de colores fosforescentes. De ser un candidato marginal pasó a ser una posibilidad, un candidato con chances de realizar una performance decorosa.

Por su estrategia política y el tipo de votantes que concentró algunos analistas han comparado a Kuczynski con AntanasMockus. Al menos en un primer momento los dos candidatos consiguieron la simpatía de jóvenes de niveles socioecómicos altos, urbanos, e integrados al mundo a través de internet. Sin embargo, a diferencia del ex alcalde de Bogotá, PPK nunca propuso una agenda nueva en política, por el contrario, programáticamente representaba una clásica candidatura conservadora, sin ningún atisbo – mucho menos esfuerzo – de incluir temas alternativos en agenda como derechos sexuales, medio ambiente o legalización de las drogas. Incluso fue tajante en mostrase en contra de temas de esta índole. Sin una agenda programática moderna, el voto por PPK solo es explicable gracias a la construcción de un vínculo personalista y una efectiva estrategia de marketing político: técnico capaz, con experiencia de gobierno y buen humor; un tío capo.

Tengo la sensación que el voto por PPK traía consigo una queja frente a los políticos que lideraban la votación, los cuales a los ojos del joven A/B compartían más flaquezas que virtudes. Kuczynski les pareció – gracias a su perfil técnico y calidad profesional - el que destacaba en el grupo, el más selecto de los candidatos: "de lujo", atípico, por el cual tenían la posibilidad de votar solo una vez en la vida. El votante de PPK se reconocía a sí mismo como un votante más reflexivo y sofisticado que el estándar. Al mismo tiempo, fue verosímil que el candidato que ellos quisieran – y no el mal menor al que están acostumbrados a recurrir – llegase como una ola hasta Palacio. El Perú había cambiado.

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