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Fujimori Social = Compensación y Clientelismo

Fujimori Social = Compensación y Clientelismo

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Por Pedro Francke

La propuesta de Keiko Fujimori en cuanto a políticas sociales fue claramente presentada durante el debate de LA PRIMERA vuelta: propuso regresar a las fórmulas de los 90s resucitando Foncodes, Promamachcs e Infes.

La sra. Fujimori también ha criticado reiteradamente las políticas de Alejandro Toledo, insistiendo en que el “chorreo” no funcionó y que había que tener políticas públicas más activas para enfrentar la pobreza.

Fujimori tiene razón con esta crítica. Pero durante el gobierno de Alberto Fujimori, las políticas sociales fueron menos importantes que durante el gobierno de Toledo o de García. El gasto público social en los 90s fue menor que el que realizaron los gobiernos democráticos desde el 2001.

Fujimori tampoco hizo nada mejor que el chorreo. La pobreza, según las estimaciones del INEI de entonces, fue 54 por ciento en 1991 y seguía encima del 50% al final de su gobierno. La política de Fujimori era la de la “compensación social”, lo que está en el nombre del Foncodes, “Fondo de Compensación y Desarrollo Social”. La idea de la compensación era por todo el daño que a los pobres les hacían las reformas neoliberales. Fujimori ni siquiera trataba de reducir la pobreza, como el “chorreo”, solo de que no aumentara.

Es verdad que muchos peruanos, en zonas rurales y asentamientos humanos, recuerdan esas políticas y por eso respaldan a Fujimori. Pero eso no se debe a que fuera una política social muy fuerte y exitosa, sino a su uso clientelista. Cada obra de Foncodes, por contrato, debía tener un gran letrero con el nombre de Don Alberto, en el color naranja que hasta ahora caracteriza al Fujimorismo, y una placa de inauguración en bronce con el nombre de Fujimori. Foncodes, Pronamachcs y otros organismos fueron aparatos de propaganda, sus camionetas y fondos públicos se usaban para las campañas electorales, mientras los comedores populares estuvieron obligados a ir a mítines y poner los afiches de Fujimori porque si no les quitaban la ayuda del gobierno.

¿Queremos hoy un gobierno que pase por encima de gobiernos regionales y municipalidades, y que desde Lima se ponga a decidir asuntos locales? ¿Queremos un regreso al clientelismo y uso político de los fondos públicos?

Las propuestas de Keiko Fujimori también están desfasadas. En Educación, por ejemplo, la prioridad ya no es la construcción de colegios y aulas. El reto actual es mejorar la calidad de la Educación, para lo cual lo más importante es capacitar a los maestros y reformar la gestión de las escuelas. En salud, tenemos que pasar a enfrentar las nuevas amenazas a la salud pública, como el alcoholismo y el Cáncer. En programas sociales, hace falta atender a los ancianos y promover la producción campesina. Los problemas han cambiado, y por eso las alternativas también deben ser otras.

Algunos defensores del statu que tienen la ilusión de que el control social que logró Fujimori en los 90s, con pocos fondos y autoritarismo clientelista, puede repetirse. Están equivocados. Somos otro Perú y necesitamos algo distinto.

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