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El caso Keiko

El caso Keiko

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Por Enrique Fernández Maldonado

Llegué a Buenos Aires después de las elecciones; desde entonces no han dejado de interrogarme por Keiko Fujimori. Qué les pasó a los peruanos, preguntan, sorprendidos, mis amigos argentinos. Debo reconocer que me resulta difícil explicarlo. Comienzo diciendo que, a pesar del latrocinio y las múltiples violaciones a los DDHH, existe un sector de la población que recuerda al Chino, y que por eso vota por su hija. ¿Y cómo es eso?, insisten.

Intento explicarlo: durante mucho tiempo, el Estado peruano no existió para un sector mayoritario de la población, especialmente rural. A lo largo del decenio que gobernó, Fujimori padre hizo lo que ningún presidente había hecho: llevar el Estado donde nadie lo había llevado antes.

Aclaro rápidamente: no fue lo único que hizo. Fujimori terminó de destruir lo que quedaba del aparato público, luego del desastroso primer gobierno aprista. Los colegios que inauguró –uno por día en las épocas reeleccionistas– no solo estaban sobrevaluados por la corrupción, sino que al poco tiempo se caían a pedazos. El asistencialismo –que ayudó a muchos a sobrevivir los rigores del ajuste estructural– y la derrota de SL –en la que nada tuvo que ver–, son recordados con gratitud ante la ausencia de oportunidades de empleo. Y en un país donde la gente está convencida de que “todos los políticos roban”, el Chino aparece como “mal menor”.

Como no les convencen mis argumentos, intento otra explicación. Durante los últimos 10 años el Perú creció sustantivamente en lo económico, pero sobre la base de un contexto internacional favorable a las exportaciones y bajo un modelo distributivo que concentra la riqueza y excluye a muchos. En medio de tanta celebración por el “milagro peruano”, un sector amplio de la población vive en la pobreza, siente que los beneficios del modelo no lo incluye, y descree de los políticos. El voto por Fujimori, en este caso, y por Ollanta, en otros, es un voto de protesta frente a la clase política, añado.

Y qué pasará en el ballotage, preguntan, aún medio confundidos. Dependerá mucho de cómo se sitúen las fuerzas políticas frente a las opciones en carrera. Y aun así, con electorados volátiles y sin partidos políticos, resulta difícil saberlo. Lo que sí adelanto es que, pese al deseo de los candidatos ganadores de no “polarizar” más al país, las simpatías y antipatías por uno u otro de los proyectos en pugna se acrecientan y llevan a muchos a “sincerar” sus preferencias. Y habrá quienes (no es mi caso) votarán por Fujimori, pese al pasado flagrante, los juicios pendientes y los riesgos latentes. Para no creerlo, me dicen los porteños.

Comments  

 
0 #1 Juan 2011-04-21 03:50
Doña Keiko, servirá quiérase o no al nuevo orden mundial, a la nueva oligarquía y a los políticos corruptos.
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