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Los nuevos barones del azúcar

Como en el Perú todos los precios son “libres”, las empresas azucareras se han alineado con los precios internacionales, independientemente de que sus costos no hayan subido. En este caso, los azucareros siguen la misma lógica que otro “commodity” más conocido: el petróleo. Que eso provoque inflación y desinfle los bolsillos de los consumidores les importa poco. Ellos venden “a precio de mercado” y gozan de su época de sobreganancias, igual que el petróleo y la minería.

Un segundo tema es que un productor de azúcar (Gloria) controla más del 50% de la producción y la comercialización mayorista. Si Gloria sube su precio, los demás lo siguen, como efectivamente ha sucedido y ha sido claramente señalado por varios medios, incluida La República.

Como en el Perú no está penada la posición de dominio del mercado sino solo “el abuso de la posición de dominio”, Gloria ha ido incrementando su posición de dominio comprando más y más tierras para cultivo de caña. Así, ahora Gloria tiene más de 50,000 hectáreas, convirtiéndose en el nuevo “barón del azúcar”, superando de lejos a los antiguos terratenientes Aspíllaga y De la Piedra, que nunca llegaron a tanto.

Para “legitimar” esta nueva concentración de la propiedad de la tierra, hace pocos meses el congresista Del Castillo propuso un “límite” de 40,000 hectáreas para la propiedad de tierras en la Costa. Una verdadera burla, como lo han señalado varios expertos del sector, entre ellos Fernando Eguren.

Este proceso ha tomado la forma de una “acumulación primitiva salvaje”, en la cual todo vale. Por ejemplo, comprar las parcelas a precio ínfimo, obtener que ProInversión actúe “saltando sus propias reglas” en las subastas de acciones del Estado (lo que fue detenido por la prensa) o en la violación de todas las reglas bursátiles, como en Andahuasi, donde el Grupo Wong y el Grupo Bustamante compraron participaciones mayoritarias sin hacer una Oferta Pública de Adquisición (OPA) para que no se perjudiquen los accionistas minoritarios.

A esto se agrega un factor poco mencionado: la exportación de etanol de caña de azúcar, que pasó de US$ 9 a 27 millones del 2007 al 2009 (del Grupo Romero en Piura y de Gloria en La Libertad, principalmente). Además de la exportación, a partir del 2010 la mezcla del etanol con la gasolina será obligatoria en Lima, lo que va a disminuir la producción de azúcar. Así, ya suman cerca de 10,000 hectáreas de caña para etanol (y no para azúcar), lo que contribuye al alza del precio.

Esto no es un rayo en cielo sereno. Es el resultado esperado de la “libertad total” que se otorga al sector empresarial: puede tener toda la tierra que quiere, puede vender al precio que quiere pues los precios son “libres”, puede dejar de producir azúcar para alimentar a la población, porque en el Perú no hay política alguna de soberanía o seguridad alimentaria y no importa si la tierra cultivada “sirve” como energético.

Al final, lo de siempre: cuando el incendio arrasa la pradera, se proclama la emergencia en el sector para…. importar azúcar (sic). ¿No les parece que lo primero es producir azúcar para el mercado interno? Pero cuidado, esos planteamientos son “antisistema” y un anatema para los defensores de los grandes intereses y privilegios del modelo económico, que no quieren cambiar nada para que nada cambie. ¿Hasta cuándo?

 

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