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La futura crisis de las “deudas soberanas”

La deuda federal llegó a ser el 120% del PBI hacia 1945, debido a la II Guerra Mundial, pero luego descendió sistemáticamente hasta 1974-75, en que vuelve a elevarse debido al estallido de la primera gran recesión de la segunda mitad del siglo XX. ¿La razón? La necesidad “indispensable” de elevar el nivel de la inversión privada y la reactivación del consumo para salir de la recesión, así como el gasto “armamentista” que, finalmente, quebró a la URSS a fines de los 80. Desde entonces hasta ahora la deuda ha venido aumentando (con un “bache positivo” en los años de Clinton).

A esta deuda pública hay que sumarle la de los hogares en créditos de consumo y tarjetas de crédito (US$ 14 billones), la de las empresas (US$ 9 billones) y la de las hipotecas (US$ 10 billones). Dice James Bianco, de Bianco Research, que la deuda privada total de EEUU asciende a US$ 36 billones. Al igual que la deuda pública, esta tuvo una gran tendencia ascendente, lo que se revirtió a mediados del 2008 con el “reventón” de la burbuja.

Según Robert Brenner, de la Universidad de California,  estos números dicen que EEUU ha estado viviendo durante años “por encima de sus medios”, con grandes déficits fiscales que fueron cubiertos emitiendo deuda (bonos) que, en buena medida, fueron absorbidos por otros países. Así, el 48% de los US$ 14 billones de deuda federal está en manos de extranjeros, viniendo primeros China y Japón.

Agrega que la deuda federal y la privada han sido los motores del consumo desde hace tres décadas y permitieron que el sector empresarial pudiera seguir vendiendo (y la economía creciendo), hasta que estalló la burbuja. La cuestión es que, ahora, no se vislumbra cuál pueda ser la herramienta que lidere el crecimiento, que en estos momentos le debe casi toda “su viada” al Plan Estímulo que ya está acabando.

Kenneth Rogoff  de Harvard (autor de varios libros recientes sobre deuda con Carmen Reinhart) dice que “hemos pasado de una posición en que teníamos demasiada deuda privada a una de mucha deuda del gobierno. Estamos frente a la disyuntiva de hacer ajustes que no se han hecho durante varias generaciones. Y no estamos ni remotamente preparados para hacerlo”.

Agrega que después de las crisis financieras vienen las crisis de “deudas soberanas” y que esta vez no será la excepción. Después de pasar revista a las deudas de los grandes países, dice que los problemas de Grecia no son más que el inicio de lo que podría ser un gran “default” de países industrializados, incluyendo a EEUU. En algún momento los países que financian a EEUU van a pedir un mayor retorno por su inversión, lo que presionará al alza las hoy bajísimas tasas de interés, dando inicio “oficial” a la crisis.

Sea lo que fuere, es evidente que el contexto de la economía mundial está cambiando y los países ricos podrían entrar en bancarrota, precipitando una recaída de la economía. Eso no sería nada bueno para ellos, ni para China y los otros “emergentes”, dada la globalización. Pero de eso trataremos en un próximo artículo.

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