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El llamado de De Soto

El llamado de De Soto

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Por Javier M. Iguíñiz Echeverría 

El llamado de De Soto es a convertir los predios en capital. Ese es el Misterio del capital, libro del que extraeremos las citas que siguen. Y convertirlos en capital en los mejores términos económicos supone colocarse en una situación legal que le permita perder la casa; esta parece ser la obsesión de De Soto en sus viajes por el mundo:

“gran parte del valor potencial de la propiedad legal se deriva de la posibilidad de tener que desprenderse de ella.” (85)

¡Titular para hipotecar!

                De Soto cree que en el Perú las cosas funcionan como en EE.UU.

“…los dueños de activos extralegales ven negado su acceso al crédito que les permitiría expandir sus operaciones, paso esencial para poner en marcha o desarrollar una empresa en los países avanzados. En los Estados Unidos, por ejemplo, 70 por ciento del crédito concedido a nuevas empresas lo es sobre la base de titulación formal como garantía para las hipotecas.” (113)

La propuesta más insistentemente presentada en el Misterio del capital es la titulación con el fin de poder hipotecar la casa y obtener capital. En muchas páginas se trata de este asunto. El grito de guerra de las avanzadas desotistas es ¡hipotecar¡ (32, 33, 38, 39, 53-67, 69, 80, 88, 91, 113, 120, 139, 149, 188, 203, 212, 234, 247) y ¡titular para hipotecar! (38, 40,  80, 84, 85, 86, 90, 91, 92, 100, 101, 116, 181, 208, 218, 219) El libro se preocupa especialmente por todos los asuntos que rodean a las hipotecas, como son las garantías, el valor de las viviendas, los domicilios con dirección verificable, la seguridad para los que prestan el dinero, etc.

¡Hipotecar para arriesgar!

El autor convoca a un compromiso de las personas con el progreso de la sociedad. No sólo son  los informales innecesariamente pobres sino que son cómplices de sostener un orden social caduco.

“Las personas sin nada que perder están atrapadas en el pringoso sótano del mundo precapitalista.” (86)

 “Es el sistema de propiedad formal el que les extrae a los inmuebles su potencial abstracto y lo fija en representaciones que nos permiten ir más allá de su uso pasivo como mero refugio.” (90)

El hogar es visto desdeñosamente como una cueva, mero refugio. Cualquier protección de la propiedad familiar contra el peligro de quiebra del negocio familiar va contra la médula del planteamiento de De Soto; para él, esa protección equivale a promover el capital “muerto” porque la vivienda no sería hipotecable.

Proteger al prestamista

El “compromiso” al que convoca De Soto 

“se entiende mejor cuando compromete a la propiedad mediante una hipoteca, un embargo preventivo, o cualquier otra forma de seguridad que proteja a las demás partes contratantes.” (86)

                La seguridad del prestamista es imprescindible para el progreso, no así la del dueño de la vivienda en cuanto tal. Esta claro, debe protegerse al que ha prestado el dinero. Si no se hipoteca la casa no se colabora al cambio social, pues “los activos en sí mismos carecen de efecto sobre el comportamiento social: no producen incentivos, no vuelven a las personas responsables, ni obligatorios los contratos.” (183) La responsabilidad a la que se alude es a aquella ante terceros, ante quienes le han prestado dinero o vendido algo a plazos.
               
Ganar el derecho a perder el predio

La eventualidad de perder la vivienda familiar no es extraña pues los países que se han adelantado a los nuestros en unificar adecuadamente su sistema legal han dado lugar a dicha pérdida como ocurre ahora en EE.UU..

“En verdad los sistemas de propiedad formal en occidente han sido una bendición a medias. Si bien dieron a cientos de millones de ciudadanos una ficha para entrar al juego capitalista, lo que daba sentido a la ficha era que podía ser perdida.” (85)

El sistema jurídico que propone De Soto, que no es otro que el que nos regula actualmente desde la Constitución tiene por finalidad favorecer la alienabilidad de las propiedades

“Aunque establecidos para proteger tanto la seguridad del título como la de las transacciones, es obvio que los sistemas occidentales profundizan esta última misión.” (91-2)

Y sigue el autor:

“En cambio, en la mayoría de los países en vías de desarrollo, la ley y las oficinas de gobierno siguen entrampadas en la antigua normatividad colonial y romana, más orientada a proteger el título que las transacciones. Se limitan a ser guardianes de los deseos de los muertos.” (92)

La preocupación de De Soto es que los pobres, ricos en propiedades, “no tienen derechos de propiedad que perder.” (86) Habría que decir que perder el derecho no es lo mismo que perder la propiedad que es el principal peligro. Para el autor el asunto a enfrentar es el sistema legal que no les permite arriesgar la vivienda. Despues de todo,

El aporte de la propiedad formal a la humanidad no es proteger la condición de dueño, pues invasores, organizaciones de vivienda, mafias e incluso tribus primitivas se las arreglan para proteger sus activos con considerable eficiencia.” (88-9)

Homeless y landless

Entre esas tribus primitivas deben estar los awajunes a los que invita a desproteger su condición de dueños comunales con el argumento de que así se empoderan frente a las grandes empresas. Ese es el mandato moral, ¡capitalizar! aún a costa de perder la vivienda familiar, el predio, el territorio. La familia debe estar al servicio de la economía y no al revés. Sólo los que sobrevivan a la competencia deben tener derecho a mantener su vivienda. En el Misterio del capital no hay nada que proteja a la familia en caso de perder la vivienda. Si 70% de las microempresas quiebran en los primeros años, la propuesta de De Soto equivale a la promoción de los “sin vivienda”, los homeless en el caso de las ciudades. Perder la vivienda es el aporte al progreso social que De Soto pide a los propietarios de predios. De ahí que su propuesta sea una de desempoderamiento. La obsesión por el derecho a perder la propiedad que exhibe, en el caso de la sierra o de la selva sus propuestas serían equivalentes a la producción de landless al servicio de las grandes empresas. Coincidimos con Tokman. De Soto “Se sitúa en el corazón de muchas de las transformaciones neoconservadoras de la época: la eliminación y limpieza de excesivas regulaciones para promover el desarrollo de la microempresa termina, paradójicamente, favoreciendo más en primer lugar a las grandes empresas.”


El llamado de De Soto es a convertir los predios en capital. Ese es el Misterio del capital, libro del que extraeremos las citas que siguen. Y convertirlos en capital en los mejores términos económicos supone colocarse en una situación legal que le permita perder la casa; esta parece ser la obsesión de De Soto en sus viajes por el mundo:

“gran parte del valor potencial de la propiedad legal se deriva de la posibilidad de tener que desprenderse de ella.” (85)

¡Titular para hipotecar!

                De Soto cree que en el Perú las cosas funcionan como en EE.UU.

“…los dueños de activos extralegales ven negado su acceso al crédito que les permitiría expandir sus operaciones, paso esencial para poner en marcha o desarrollar una empresa en los países avanzados. En los Estados Unidos, por ejemplo, 70 por ciento del crédito concedido a nuevas empresas lo es sobre la base de titulación formal como garantía para las hipotecas.” (113)

La propuesta más insistentemente presentada en el Misterio del capital es la titulación con el fin de poder hipotecar la casa y obtener capital. En muchas páginas se trata de este asunto. El grito de guerra de las avanzadas desotistas es ¡hipotecar¡ (32, 33, 38, 39, 53-67, 69, 80, 88, 91, 113, 120, 139, 149, 188, 203, 212, 234, 247) y ¡titular para hipotecar! (38, 40,  80, 84, 85, 86, 90, 91, 92, 100, 101, 116, 181, 208, 218, 219) El libro se preocupa especialmente por todos los asuntos que rodean a las hipotecas, como son las garantías, el valor de las viviendas, los domicilios con dirección verificable, la seguridad para los que prestan el dinero, etc.

¡Hipotecar para arriesgar!

El autor convoca a un compromiso de las personas con el progreso de la sociedad. No sólo son  los informales innecesariamente pobres sino que son cómplices de sostener un orden social caduco.

“Las personas sin nada que perder están atrapadas en el pringoso sótano del mundo precapitalista.” (86)

 “Es el sistema de propiedad formal el que les extrae a los inmuebles su potencial abstracto y lo fija en representaciones que nos permiten ir más allá de su uso pasivo como mero refugio.” (90)

El hogar es visto desdeñosamente como una cueva, mero refugio. Cualquier protección de la propiedad familiar contra el peligro de quiebra del negocio familiar va contra la médula del planteamiento de De Soto; para él, esa protección equivale a promover el capital “muerto” porque la vivienda no sería hipotecable.

Proteger al prestamista

El “compromiso” al que convoca De Soto 

“se entiende mejor cuando compromete a la propiedad mediante una hipoteca, un embargo preventivo, o cualquier otra forma de seguridad que proteja a las demás partes contratantes.” (86)

                La seguridad del prestamista es imprescindible para el progreso, no así la del dueño de la vivienda en cuanto tal. Esta claro, debe protegerse al que ha prestado el dinero. Si no se hipoteca la casa no se colabora al cambio social, pues “los activos en sí mismos carecen de efecto sobre el comportamiento social: no producen incentivos, no vuelven a las personas responsables, ni obligatorios los contratos.” (183) La responsabilidad a la que se alude es a aquella ante terceros, ante quienes le han prestado dinero o vendido algo a plazos.
               
Ganar el derecho a perder el predio

La eventualidad de perder la vivienda familiar no es extraña pues los países que se han adelantado a los nuestros en unificar adecuadamente su sistema legal han dado lugar a dicha pérdida como ocurre ahora en EE.UU..

“En verdad los sistemas de propiedad formal en occidente han sido una bendición a medias. Si bien dieron a cientos de millones de ciudadanos una ficha para entrar al juego capitalista, lo que daba sentido a la ficha era que podía ser perdida.” (85)

El sistema jurídico que propone De Soto, que no es otro que el que nos regula actualmente desde la Constitución tiene por finalidad favorecer la alienabilidad de las propiedades

“Aunque establecidos para proteger tanto la seguridad del título como la de las transacciones, es obvio que los sistemas occidentales profundizan esta última misión.” (91-2)

Y sigue el autor:

“En cambio, en la mayoría de los países en vías de desarrollo, la ley y las oficinas de gobierno siguen entrampadas en la antigua normatividad colonial y romana, más orientada a proteger el título que las transacciones. Se limitan a ser guardianes de los deseos de los muertos.” (92)

La preocupación de De Soto es que los pobres, ricos en propiedades, “no tienen derechos de propiedad que perder.” (86) Habría que decir que perder el derecho no es lo mismo que perder la propiedad que es el principal peligro. Para el autor el asunto a enfrentar es el sistema legal que no les permite arriesgar la vivienda. Despues de todo,

El aporte de la propiedad formal a la humanidad no es proteger la condición de dueño, pues invasores, organizaciones de vivienda, mafias e incluso tribus primitivas se las arreglan para proteger sus activos con considerable eficiencia.” (88-9)

Homeless y landless

Entre esas tribus primitivas deben estar los awajunes a los que invita a desproteger su condición de dueños comunales con el argumento de que así se empoderan frente a las grandes empresas. Ese es el mandato moral, ¡capitalizar! aún a costa de perder la vivienda familiar, el predio, el territorio. La familia debe estar al servicio de la economía y no al revés. Sólo los que sobrevivan a la competencia deben tener derecho a mantener su vivienda. En el Misterio del capital no hay nada que proteja a la familia en caso de perder la vivienda. Si 70% de las microempresas quiebran en los primeros años, la propuesta de De Soto equivale a la promoción de los “sin vivienda”, los homeless en el caso de las ciudades. Perder la vivienda es el aporte al progreso social que De Soto pide a los propietarios de predios. De ahí que su propuesta sea una de desempoderamiento. La obsesión por el derecho a perder la propiedad que exhibe, en el caso de la sierra o de la selva sus propuestas serían equivalentes a la producción de landless al servicio de las grandes empresas. Coincidimos con Tokman. De Soto “Se sitúa en el corazón de muchas de las transformaciones neoconservadoras de la época: la eliminación y limpieza de excesivas regulaciones para promover el desarrollo de la microempresa termina, paradójicamente, favoreciendo más en primer lugar a las grandes empresas.”

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