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Negligencias criminales

Negligencias criminales

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Por Guillermo Giacosa

Según el British Medical Journal, hay una relación directa entre la mortalidad y el gasto público social. Calcula que una disminución de 100 dólares per cápita en gasto social repercute en un aumento del 0.8% de la mortalidad. En el Reino Unido, de donde procede este estudio, las listas de espera médica aumentaron un 61% en 2010 respecto al año anterior. "La mejor forma de maquillar estos datos es, simplemente, dejar morir a los pacientes", tal como denuncia una agencia que asesora al Gobierno, que muestra cómo algunos directores de centros de atención primaria han rechazado operar antes de las 15 semanas. Así logran que muchos pacientes paguen servicios privados o bien se mueran, reduciendo de este modo las listas de espera.

En Irlanda, exestrella del neoliberalismo, cada invierno mueren 2,000 ancianos por no poder pagar la calefacción. Ahora, debido al "rescate" bancario –pagado por los contribuyentes– se han reducido las pensiones y han aumentado los impuestos al carbón y a la electricidad. ¿Cuántas muertes costará esta acción? El colectivo de enfermeras de Irlanda ha declarado que nunca se habían sentido "más frustradas" al ver el aumento de mortalidad en los hospitales sin poder hacer nada por falta de medios. En España, a los jubilados le congelaron sus pensiones en 2011, pero aumentó 4.1% el gas, 6.1% el gas butano y 10% la electricidad. "Si tenemos en cuenta que el 40% de los pensionistas españoles cobra menos de 600 euros al mes y que el 40% de las viudas no llega a 400, ¿es excesivo pensar que algunos tendrán que optar entre comer y calentarse?", se pregunta un medio español.

La fundación amfAR, para la investigación del sida en Estados Unidos, publicó un estudio sobre las consecuencias de los recortes en el gasto público. Aquí las cifras: 29,000 niños más nacerán con el virus VIH por la eliminación de programas de prevención en la transmisión de madres a hijos; 403,000 enfermos de sida dejarán de recibir tratamiento; 44,000 personas dejarán de ser tratadas de tuberculosis; 1.1 millones de niños dejarán de recibir vacunas combinadas; 419,000 niños dejarán de recibir otras ayudas, como educación y comida, que venían del fondo para la lucha contra el sida. Recordemos que Obama dijo: "Nuestro problema de déficit es el de asistencia sanitaria" ¿Lo repetirá en las próximas elecciones?

En España, también azotada por la crisis neoliberal, está aumentando el sida a razón de un nuevo caso cada cuatro horas, y los médicos denuncian presiones para reducir el gasto en los tratamientos antirretrovirales. En Valencia y Cataluña ya se eliminaron programas para luchar contra la enfermedad.

Otra perla: según la revista médica The Lancet, entre 2007 y 2009, la tasa de suicidios aumentó en la UE un 8%. En países con desigualdades muy profundas, como Irlanda y Grecia, los suicidios han aumentado un 13% y 17%, respectivamente. Y, en España, el suicidio es ya la primera causa de muerte externa, superando a los accidentes de tránsito. El estudio indica que a menor protección social, mayor índice de suicidios. Como la tendencia en Europa y en Estados Unidos es reducir el gasto social, los suicidios pasarán a ser la estrella estadística de este infame inicio del tercer milenio.

En España se recortó el presupuesto para salud mental en 15%. En Inglaterra están eliminando la atención a enfermos de esquizofrenia o depresión, cerrando residencias que tratan la demencia o derivando el tratamiento de las adicciones de psiquiatras a médicos generales. En Estados Unidos, los recortes –que en algunos estados superan el 20%– están generando un incremento de la criminalidad y de la marginalidad con enfermos que, sin la atención adecuada, son incapaces de afrontar la vida o deciden terminar con ella.

Comienza a desnudarse de este modo, anacrónico si tenemos en cuenta la evolución positiva en la consideración de la condición humana y los avances científicos, un mundo siniestro del cual difícilmente saldremos sin profundas heridas físicas y emocionales. ¿Cuánto durará este descenso a infiernos morales y materiales otrora inimaginables? ¿Podremos, en medio del caos moral y financiero, ocuparnos de asuntos aún más graves como el calentamiento global? ¿Es esperable que las aves carroñeras que sembraron la crisis sean capaces de elevar su vuelo y contemplar la complejidad del daño causado? ¿Seguirán contándonos el cuento del mercado creyendo que somos incapaces de aprender? ¿Seguiremos utilizando los salvavidas disponibles para rescatar bancos y financieras mientras los seres humanos se ahogan?

La incapacidad crítica de los responsables del drama no invita al optimismo. Nos queda el recurso de elevar el clamor que, en lenguas distintas y en diferentes rincones del mundo, exige un orden que respete la vida del planeta y atienda las necesidades humanas.

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