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Un debate sobre la candidatura de OHT en el 2006

Un debate sobre la candidatura de OHT en el 2006

articulo08-02-12-2011

Por Raúl Wiener

Cuando mi amigo Víctor Caballero se convirtió al toledismo y asumió un alto cargo en una de las instituciones del Estado, preferí guardar silencio y evitar sacar lecciones para los chicos sobre lo que significaba que un viejo y querido revolucionario se dedicase a repartir alimentos entre los pobres y a tratar de negociar conflictos entre el poder y las organizaciones de campesinos que antes asesoraba en relación a las cuotas de producción que serían adquiridas cada año. Y no hubiera hablando nunca en público de este asunto, sino fuese obligado por el hecho de que Víctor se ha creído con la autoridad de imponerme los siguientes calificativos[i]:

- “gente de izquierda que se ha subido al carro de Ollanta Humala..”
- “gente en la izquierda que asumen sin dudas ni murmuraciones su nueva fe ante el poder autoritario”
- “nuevo converso al humalismo”
- “Él que no ha dudado en afirmar que Ollanta tiene un discurso ‘claro y transparente’...”
- “Raúl Wiener que hizo de la discrepancia política en el seno de los diversos partidos políticos de izquierda en los que militó y dividió, su más preciada norma política...”
- “En otras palabras, le está recomendando a Ollanta Humala preparar un golpe militar constitucional al igual que Hugo Chávez en Venezuela”
- “Pobre Raúl. Ni eso lo salvará del calificativo de miserable con el que fácilmente endilga Ollanta Humala a cualquiera que se infiltre en su partido”.

Como se puede ver es bastante para venir de alguien con el que siempre guardé una relación de mutuo respeto y simpatía. Pero, en fin, algo debe haber movido a Víctor a hacer este deslinde conmigo.

Por mi parte trataré de separar el aspecto político del personal para que las diferencias puedan apreciarse:

El artículo que motiva la crítica

Escribí una nota titulada “Ilave Electoral”, a propósito de la pugna desatada en las filas del partido de Humala en relación a la confección de las listas para el Congreso. Y ahí recuerdo que la pelea por los puestos está en todas las listas, sólo que es mucho más notoria en el sector político que encabeza las encuestas, que aparece como un canal de acceso para muchísimas personas que se consideran excluidas en el sistema de partidos tradicionales.

Anoto que hay un reclamo que bordea permanentemente la violencia, como expresión de una crisis muy profunda en las estructuras políticas del país. Vivimos planteándonos dilemas irresolubles que son verdaderos círculos cuadrados, con los que coexistimos sin alarmarnos demasiado. Se pide que las representaciones políticas sean enteramente nuevas pero con experiencia; que abramos las vías de la política al pueblo, pero que este no se manifieste como es, sino como nosotros creemos que debe ser la política; que la democracia prevalezca, pero que no caigan las élites; que el candidato respete los acuerdos de las bases, pero que se haga respetar como árbitro, etc.

El humalismo, como el peruposibilismo y otras variantes aluviónicas son espacios ideales para que se manifiesten estas contradicciones. Y eso genera una tendencia innata al desorden y al caudillismo autoritario. Por supuesto que esto no debería ser fatal. Pero quién convence a los partidos políticos de dar paso a una reforma radical del sistema peruano, que podría jubilarlos. Nadie. Al contrario, inventaron una ley de partidos, vallas y otros artilugios para asegurarse. Y como suele suceder están siendo desbordados por donde menos esperaban. ¿Y la izquierda? Volvió a fracasar en unificarse y en mostrarse como alternativa de poder. No hay mucho que decir aquí, salvo que para algunos la ecuación que debían resolver era candidato-inscripción-plan de gobierno, y todo les caería de maduro. Y ya se ve que era falso.

Hay una enfermedad muy seria en el orden político. Podemos remontarla a la transición de hace 25 años, del gobierno militar hacia un régimen de partidos, que fue una tremenda frustración para las masas; al sistema híbrido forjado entre 1992-1993, que engendró las actuales instituciones; o a la fallida transición del 2000-2001, que se convirtió en un pasaporte para mantener el modelo económico y volver a estafar al país. Lo que yo digo es que ese péndulo de outsiders improvisados y partidos en los que nadie cree se tiene que resolver con algún punto de ruptura. En el 2000, era por ello vehemente en la idea de impulsar una Asamblea Constituyente durante el gobierno provisional, del cierre del congreso tránsfuga y de la postergación de las elecciones. Otros fueron los que se subieron al carro del Pachacútec de esa hora y empujaron una salida que concluyó en un oscuro continuismo.

Hoy sigo pensando lo mismo. Y viendo para adelante efectivamente percibo que los escenarios probables que puede vivir el Perú de aquí a unos meses, son los siguientes:

(a) un gobierno de Unidad Nacional (o el APRA) que surja como parte de una coalición de las fuerzas tradicionales armado para cerrarle el paso a Humala y a la emergencia popular que lo acompaña, lo que podría dar lugar a una resistencia política y social muy fuerte, sobre todo por el tipo de medidas que se deberían tomar para hacerlo viable;

(b) un gobierno de Humala, sin mayoría parlamentaria, con una bancada precaria, y con una gran presión social desde abajo;

En uno u otro caso, las variantes son conflicto, autoritarismo o solución institucional. Cuando digo que hay que plantearse desde ahora el tema de la Asamblea Constituyente estoy pensando en estos dilemas. No sólo Humala, sino otros candidatos, tienen este punto en sus programas. Pero parece que nadie es consciente de sus alcances y su significado de fondo.

Es como asumir esta elección con sus 24 aspirantes a presidentes y 3 mil y pico al Congreso, con su base constitucional ambigua, con los poderes fácticos a la vista, etc., como un paso hacia el cambio, advirtiendo que en un cierto plazo (un año, no sé) se volverán a barajar las cartas y el país se pronunciará por lo que realmente cree. Si estuviera en mis manos yo convencería a mis fuerzas de que las aspiraciones congresales van a chocar con los cambios que tendrán que hacerse. Porque es obvio que el mayor obstáculo a la Constituyente serán otra vez los parlamentarios ya elegidos.

Yo entiendo que aquellos que se compraron la “transición” 2000-2001, al extremo de llegar a ser parte de ella, considerarán que lo que hoy existe es la “democracia”. Y cualquier idea de una reforma política de fondo se les aparece como dictadura y golpe de Estado. Cómo se te ocurre Raúl que el próximo Congreso pueda ser alterado. ¿Y díganme cómo creen que va a llegar la renovación periódica de los mandatos, la despresidencialización, la recomposición del sistema de partidos, si no es a través de un mecanismo de excepcionalidad política? Insisto “para hacer un nuevo país los pasos iniciales tienen que ser dramáticos. O no van a ser en absoluto”.[ii]

Miserabilismo político

Pareciera que en más o menos 10 meses de existencia política, el único concepto que hubiese utilizado Ollanta Humala fuera el de “miserables”. Por lo menos es lo que escribe Víctor Caballero, quién lo presenta como la referencia constante y exclusiva del comandante a la clase política y a los responsables del hambre del pueblo, y más adelante a los que infiltraron su partido creando el escándalo del intento bufo de asesinato esta semana.

Vamos por partes.

1. Hay un asunto de lenguaje rudo y cuartelero, que está probando su eficacia en los discursos en escenarios populares, y que a muchos no agrada. Yo definitivamente no lo utilizaría. Pero tampoco me escandalizo demasiado.

2. Ha habido muchas expresiones políticas importantes por parte del candidato: revisión de los contratos con las transnacionales; rechazo a la privatización de los puertos y servicios públicos; nuevo estudio del TLC y posibilidad de no suscribirlo; regalías mineras; integración latinoamericana; Asamblea Constituyente y otras. Varias de estas han sido señaladas como una “mala copia” de planteamientos de Javier Diez Canseco y otros voceros de la izquierda. Pero el hecho es que esos llamado han adquirido fuerza de poder en manos de Humala y no de otro.

3. Cuando el PS y el FAI se aproximaron para estudiar la eventualidad de una alianza por invitación del nacionalista, se advirtió que efectivamente habían algunos puntos comunes. El diálogo hubiese sido ciertamente inconcebible sin una base programática mínima. Es decir si la invitación viniera de Lourdes o García, tendría que haber sido rechazada por principio. Por lo tato, por un momento, la izquierda llegó a pensar que el horizonte de un trato izquierda-Humala, había algo más que la perspectiva de que la izquierda terminase despedida miserablemente. Lo que debería explicar Víctor es si estos temas son pertinentes y marcan la diferencia respecto al país que hemos sido bajo Fujimori y Toledo. O para él sólo cuenta que Humala haya llamado miserables a los partidos tradicionales.

4. Mi relación (y la del Comité Malpica), con el fenómeno de los hermanos Humala viene desde los días del levantamiento de Locumba, que apoyamos abiertamente. Más tarde hemos tenido encuentros y desencuentros diversos. Nunca hemos sido lo mismo. Pero tampoco hemos sido indiferentes y menos nos ha intimidado, el renacimiento de una corriente nacionalista como no se veía en el país desde los 70. Respecto a los acontecimientos de Andahuaylas tuvimos también una posición diferenciada, en particular respecto a la izquierda que se comportó como una virgen democrática. Nosotros creíamos que las elecciones debieron ser abordadas como un terreno de acuerdo entre el nacionalismo y la izquierda. Pero el Frente Amplio sólo entendió una relación pragmática de apoyo mutuo para desarrollar una coyuntura. Y la izquierda en su conjunto fue a la conversación postrera de diciembre sin convicción en l posibilidad de un acuerdo[iii].

5. La izquierda repite errores que cometimos en el período de Velasco. Lo único que parece ocurrírsele a los comentaristas más inteligentes es hacer comparaciones con Fujimori o Toledo, y perderse en disquisiciones sobre la improvisación partidaria y los riesgos de gobernabilidad, eliminando la cuestión del programa

La ironía

Toquemos ahora las partes que aluden a mi conducta política.

a) Subirse al carro. Tengo 37 años de militancia en la izquierda y nunca me subí a nada. Detesto pelearme por los cargos, hacer antesalas, mandar mensajes para que me hagan caso. Jamás le pedí al partido que me hiciera candidato, porque había en exceso. No estoy buscando nada. Y todo lo que se puede decir de mí respecto a Humala, es que no he visto ese proceso con los mismos ojos que otros compañeros. Hasta ahí nomás. Porque no estoy en ningún carro y tampoco van a poder desembarcarme de lo que no me he embarcado.

b) Asumir la nueva fe sin dudas ni murmuraciones. Si no lo hubiera leído, no lo creería. Porque Víctor sabe perfectamente que jamás he sido incondicional de nadie. Y menos voy a abandonar mi propia fe socialista, por algo tan etéreo y precario como el nacionalismo. El propio artículo que Caballero toma como base, es severamente crítico hacia Humala y su partido. Y hay otros anteriores y posteriores en la misma línea.

c) Nuevo converso al humalismo. Vale todo lo anterior.

d) RWF no ha dudado en decir que Ollanta tiene un discurso “claro y transparente”. ¿Dónde digo eso? Por favor que Víctor Caballero cite el lugar y la fecha en que hice una aseveración de este tipo y a qué me refería. Si no lo hace deberíamos consignar que hay aquí una mentira, que es un recurso vedado del debate.

e) RWF hizo de la discrepancia... su más preciada arma política. ¿Cómo?, ¿no era que yo era capaz de ser sumiso y actuar sin dudas ni murmuraciones? Obviamente el arma de la crítica no es mi patrimonio, como lo prueba el propio escrito de Caballero. Pero lo más curioso es que mi buen amigo crea que me contradigo cuando advierto que Humala va a tener que forzar un mínimo de disciplina en sus filas, y le van a clavar una denuncia por autoritario. Ahí donde estoy analizando la circunstancia, Víctor cree que estoy asesorando al comandante. Y allá donde hay una revuelta caótica por curules, el investigador la compara con los debates sobre teoría en los partidos marxistas. Como para felicitarlo.

f) Los diversos partidos políticos de izquierda en los que militó y dividió. Esta ya es una calificación de mi pasado político, absolutamente gratuita e injusta, que jamás Víctor Caballero tuvo la entereza de expresarla en mi cara, las muchas veces que nos vimos y discutimos en el PUM y después de esa experiencia. Sépase muy bien que yo salí en 1993 del PUM con renuncia individual, para impedir que la lucha interna que nos enfrentaba degenerase y produjese heridas irreparables. Otros compañeros renunciaron solidariamente en esos días. Pero ninguno de nosotros pretendió disputar la representación partidaria ni interferir la vida de la organización de la que nos retirábamos. Es verdad que las diferencias en la coyuntura de la primera mitad de los 90 nos dividieron seriamente, pero creo que hicimos lo posible para que esa no fuera una guerra fratricida, por lo que hasta hoy hemos seguido siendo amigos y camaradas, no obstante que todavía existan exabruptos como la crítica de Caballero. Algo más: milité en el MIR y me retiré solitariamente en 1971. Fui parte del POMR y me expulsaron por diferencias políticas junto a un grupo de compañeros. Milité 9 años en el PUM. Y llevo desde 1999 una participación continuada en el Comité Malpica. Y no creo que tenga algo de qué arrepentirme. Hay otros que han participado en muchas más divisiones que las mías, aunque cuenten los hechos como que ellos siempre se quedaron con el partido. La cuestión de la unidad y las excomuniones en la izquierda está en la base de sus fracasos. Estamos asistiendo a un nuevo episodio de ese mal recurrente. Pero es a mí al que acusan de divisionista.

g) Recomendando a Ollanta Humala preparar un golpe militar constitucional al igual que Hugo Chávez en Venezuela. Bueno, sinceramente, no conocía la figura del golpe militar constitucional. Necesitaría que me la presenten. Lo de Chávez no fue un golpe de militares. Fue un movimiento político que pasó por referéndums y otros procedimientos. El golpe militar se lo hicieron a Chávez los supuestos “demócratas” y el pueblo lo respaldó. Por supuesto en la contradicción de Chávez con la derecha, como entre Cuba y Estados Unidos, uno toma posición; independientemente y con derecho de crítica, pero se define. Yo en eso estoy muy claro. Me gustaría saber en qué lugar a quedado Víctor después de todos estos años.

h) RWF no se salvará del calificativo de miserable que endilga Humala a los que se infiltran en su partido. Calma Víctor. Yo no estoy en el partido de Humala. Y no me infiltro en partido ni en gobierno ajeno. Y lo que se vaya a decir de mí de aquí a un tiempo dependerá de los acontecimientos. Uno siempre puede sorprenderse, como me chocó la dureza de las expresiones de Caballero. Pero así es la política y uno no hace las cosas pensando en caer bien, sino porque cree que deben hacerse..

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