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Religión y derechos reproductivos

Religión y derechos reproductivos

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Por Wilfredo Ardito

-Lectura del Santo Evangelio según... ¡No les hagan nada! ¡Todos tranquilos!

Me encontraba en la misa dominical de la catedral de Westminster, en Londres, cuando la lectura del Evangelio fue súbitamente interrumpida.

Por la nave central habían ingresado cinco o seis jóvenes, vestidos de negro, que gritaban encolerizados:

-¡Los condones son necesarios! ¡Los condones salvan vidas!

Acompañados por tres camarógrafos, avanzaron hasta el altar mayor, de estilo bizantino, e inflaron varios preservativos, que subieron lentamente hacia la cúpula.

Mientras yo veía sorprendido la curiosa microprotesta, todos los demás feligreses bajaban la mirada con ese estilo tan inglés de aparentar que uno no ve lo que no le gusta ver.

Sólo días después pude enterarme por un noticiero que la irrupción en la catedral había sido el acto inaugural de la semana de concientización sobre el VIH en Inglaterra.

A mí me pareció absurdo que una causa positiva fuera la razón para violentar una ceremonia religiosa... más aún, porque creo que sólo una pequeña minoría de católicos tiene problemas morales o religiosos para usar preservativos.

Este episodio me ocurrió en 1994. Yo venía del Perú, donde, en pleno conflicto armado, había decidido que mi compromiso cristiano debía expresarse en trabajar por los derechos humanos. En aquellos años violentos, pude conocer a numerosos sacerdotes, religiosas y laicos que arriesgaban sus vidas para salvar a un detenido o enfrentarse a los senderistas.

Sin embargo, en la actualidad, para muchas personas que promueven derechos sexuales y reproductivos, la Iglesia Católica ya no es la defensora de los derechos humanos, sino una instancia patriarcal y opresora de las mujeres.

-No sabes el daño que me hizo la Iglesia –me dijo la directora de una ONG.

Me explicaba así por qué, al instalarse en una casona de Jesús María, habían cubierto con pintura las imágenes religiosas que había en el patio.

Numerosos partidarios del derecho al aborto y activistas homosexuales rechazan especialmente que la Iglesia opine sobre asuntos públicos, aunque habría que considerar que lo hace siempre, sea sobre la pena de muerte, los derechos laborales y, cada vez con más frecuencia, sobre la contaminación ambiental.

Una situación particular del Perú es que, a diferencia de los países europeos, muchos de quienes se alejan de la Iglesia Católica no lo hacen por un proceso de secularización, sino por un mayor radicalismo religioso, al convertirse en evangélicos. Pretender ser coherentes en cada momento de su vida hace que los demás peruanos, sean católicos, ateos o agnósticos, los perciban como fanáticos o fundamentalistas, llamando inclusive "sectas" a sus iglesias.

En este contexto ha generado polémica el nombramiento como Ministra de la Mujer de la abogada evangélica Ana Jara. Anteriormente, otra ministra evangélica, Mercedes Cabanillas, fue mucho más discreta, evitando glorificar a Dios o hacer citas bíblicas en sus declaraciones, como ha hecho la señora Jara. Varios amigos míos están indignados porque ella ha vulnerado el principio del Estado laico, pero, en realidad, este principio es vulnerado todos los días, desde las grutas de Santa Rosa en las comisarías hasta los homenajes de las autoridades estatales a santos y vírgenes. Al propio ex Presidente García le gustaba mucho hablar sobre religión, llegando a proclamar el primer milagro del Beato Juan Pablo II (nada menos que el asesinato de Osama Bin Laden).

Quienes están en desacuerdo con las opiniones de la Ministra sobre determinados temas, deberían evitar generar la imagen que la rechazan debido a su filiación religiósa. Sinceramente, creo que una estrategia equivocada o inclusive contraproducente de algunos defensores de los derechos sexuales y reproductivos ha sido la confrontación con los grupos religiosos. Por ejemplo, hace unos meses varias parejas lesbianas y gays decidieron besarse frente a la Catedral, un acto considerado una provocación por muchos católicos y también por los evangélicos. A mediados de este año, cuando se discutía en la Municipalidad de Lima si debía haber una Ordenanza contra todas las formas de discriminación, algunos activistas gays defendían que sólo se tocara el tema de la orientación sexual... "para golpear a Cipriani". En realidad, fueron varios pastores evangélicos quienes promovieron marchas contra la Ordenanza, que jamás fue promulgada.

Antes que plantear ataques contra los planteamientos de una persona, es importante analizar también qué piensa la sociedad. Por ejemplo, creo que muchos peruanos apoyarían la idea de reemplazar el Ministerio de la Mujer por el Ministerio de Familia, que considera a la familia uno de los valores fundamentales. Naturalmente, existen muchísimas formas de familia en el Perú y si el Estado pretendiera asumir una sola como modelo, sería sumamente perjudicial.

Lo importante es discutir ideas y planteamientos, dejando de lado discursos o gestos que descalifiquen a una persona por su religión. Al menos a la Ministra, que ha declarado que está a favor de los preservativos, nadie se los soltará en su templo.

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