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Sin novedad en el frente

Sin novedad en el frente

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Por Zenón Depaz Toledo

Con las crisis experimentadas por nuestro país desde mediados de los años 70 se devaluó también la aspiración a la Educación como vía para superar la pobreza. “Estar en la universidad es una cosa de locos”, decía una canción popular entre los jóvenes peruanos, promediando la década de los 80. La informalidad abría entonces una válvula de escape a la miseria y, a fuerza de laboriosidad (teniendo en contra a un Estado proclive al gran capital), productores emergentes impulsaron un proceso de capitalización cuyo fortalecimiento ha alcanzado un punto en que depende ahora de la adquisición de capacidades que conciernen a la Educación formal. Pero la Educación sigue en crisis, y aún el empresariado tradicional (tal como lo han manifestado los CADE de los tres últimos años) resiente el efecto de una Educación pobre entre sus operadores, en un contexto que exige competitividad a escala global.

Por tanto, si algún tema cuya atención prioritaria está fuera de discusión, es el educativo. Tal vez por eso, nadie puso en tela de juicio (ni siquiera en el Plan de Gobierno originario) la propuesta de una revolución educativa planteada por el candidato Humala. Por lo mismo, llama la atención que tras haberse hecho elegir presidente no hable más de aquella revolución.

Se especula que la gran trasformación alguna vez prometida estaría pospuesta por elemental realismo político, del que haría parte la conciencia de la adversa correlación de fuerzas para los sujetos políticos que adhieren al cambio. Pero, por ello mismo llama la atención la bajísima intensidad otorgada en la agenda presidencial al tema educativo, uno de los temas en que es mayor la posibilidad de introducir cambios que aporten capital político para generar otra correlación de fuerzas (si tal fuese el deseo).

Particularmente, en el ámbito universitario público la demanda de reformas puntuales es de tal magnitud, que iniciativas políticas básicas en ese terreno podrían aportar mayor legitimidad, en una considerable población joven y de mayor nivel educativo que el promedio, para un proyecto que aspire a cambios significativos en el país (si tal hubiese).

El Presidente propone cinco mil becas para Educación Superior. Puesto que los estudios en las universidades públicas, en tanto son gratuitos, equivalen a becas, ¿ello no supone subvencionar a instituciones privadas, manteniendo abandonadas a las universidades públicas? ¿Cómo se elegirán las mejores universidades si el sistema de acreditación aún no funciona en rigor? ¿No se trata de una medida puramente efectista e improvisada? ¿Qué hay en ello de revolución educativa? Más aún, ¿qué voluntad política –de afirmación de un proyecto- manifiesta? Pienso que, por ahora, ninguna...

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