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¿Ensayo, manifiesto o ficción?

¿Ensayo, manifiesto o ficción?

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Por Germán Alarco Tosoni

El ex-Presidente de la República acaba de publicar un libro: Contra el Temor Económico, Creer en el Perú. El tiraje es inusual: 15,000 ejemplares. Tiene dos grandes partes, la internacional y la relativa al Perú. El documento puede leerse en diferentes perspectivas. Nosotros nos quedaremos con la económica, ya que contiene interpretaciones históricas y hasta psicológicas discutibles. Aquí resalta por ejemplo, que su primer gobierno estuvo sujeto a “las demandas populistas a las que el gobierno militar había acostumbrado a la sociedad (cultura del reclamo)” (p.84 y 115), que el actual gobierno es “una tercera modalidad de influencia militar” (p.84) y sobre las raíces históricas por las cuales la población peruana exige y aprovecha todos los beneficios que el Estado puede brindar (p.89).

Las tesis centrales del libro son dos. La internacional, donde los desequilibrios no afectarían lo sustantivo de la energía básica profunda que impulsa esta nueva etapa de crecimiento mundial a través de las tecnologías de la información (p.37). Estas garantizarían que la economía del Siglo XXI tenga un gran crecimiento en empleo, consumo y bienestar. La segunda, que nuestro país es un claro ejemplo de cómo aprovechar esa nueva economía global. Se propone la necesidad de un nuevo liderazgo mundial y un conjunto de medidas internacionales que incluyen la reducción de los gastos militares, gravar los movimientos especulativos de capital (p.15) e invertir US$ 500,000 millones en África (p.57).

El ex-Presidente se olvida que este nuevo ciclo tecnológico basado en la información, si bien genera oportunidades para todos, brinda menos espacios a los productores de materias primas como el Perú. Habría que preguntarnos qué hizo para aprovechar las nuevas tendencias tecnológicas. Insiste en que la distribución funcional del ingreso a nivel mundial ha mejorado, cuando la evidencia empírica lo contradice (p.13). La crisis financiera internacional del 2008 fue a su juicio de magnitud menor y resultado de cuando los “empleados sin la capacidad intelectual requerida manejaron las nuevas velocidades de la economía” (p.28). Omite que el optimismo excesivo es causa de burbujas que crecen y de crisis posteriores. Ignora el efecto de la incertidumbre en la realidad económica.

Toda la lógica económica implícita es neoclásica. No hay elementos estructurales, rigideces y fallas. Es el mundo ideal del libro de texto. El mercado lo resuelve casi todo. Asimismo, realiza juicios sumarios sobre los procesos de Bolivia, Cuba, Venezuela y UNASUR; y pretende dar lecciones a Argentina, Brasil y Ecuador. Las imprecisiones y errores son diversos (ej. definición del Gini, p.127). Supone que las condiciones tecnológicas ahora son únicas, mientras que en realidad también lo fueron antes con el vapor, industria textil, hierro, acero y petróleo de los grandes paradigmas tecnoeconómicos. Los saltos tecnológicos fueron notables en esos tiempos pasados, pero también las crisis en sus periodos de transición. Ojalá su fe en la recuperación de la economía mundial durante el “segundo semestre del 2013” se convierta en realidad.

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