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¿Cuando el destino nos alcance?

 

¿Cuando el destino nos alcance?

op-ceguePor Germán Alarco Tosoni

La consigna del gobierno, los partidos políticos conservadores, muchos empresarios y analistas económicos es que debemos cruzarnos de brazos. Para ellos el modelo económico actual genera crecimiento económico y bienestar para todos. Se trataría simplemente de persistir y naturalmente transitaremos, en un periodo razonable, de la condición de tercermundistas a miembros del primer mundo. En realidad, tienen problemas de visión; quizás pueden ver razonablemente a corta distancia, pero les falla a la distancia y sufren de reducción en el campo visual.

Todo modelo económico está sujeto a los embates de fuerzas externas y endógenas. Tienen una mayor o menor capacidad de adaptación y resistencia ante estos elementos. Son como los organismos vivos en los que nadie puede garantizar el resultado final. Nuestro modelo, basado en las materias primas, es más frágil que otros, en la medida que depende de factores volátiles como la evolución de los términos de intercambio y de la demanda internacional. No se mencionan aquí el impacto de las mutaciones rápidas de la actual crisis económica internacional ni la teoría del ciclo de cualquier producto, incluidas nuestras exportaciones, que crecen lentamente, se aceleran, crecen menos, se estancan y luego decrecen. Ese es el destino ineludible de la mayoría de los bienes y por eso la necesidad de la creatividad, la innovación, la ciencia y la tecnología para diseñar nuevas alternativas.

Modelo válido para Noruega

En el último marco macroeconómico multianual preparado por el MEF se señala que debe emularse a Noruega y Nueva Zelanda.

Sin embargo, se olvidan de que se trata de sociedades con menos de cinco millones de habitantes. El modelo económico debe guardar correspondencia con el tamaño y la dinámica poblacional. Esta pretensión gubernamental nos recuerda el absurdo experimento de la Argentina, en la época de Menem, cuando pretendió convertir al país en plaza financiera internacional como Londres. El modelo peruano debe tener la capacidad de absorber a entre 250,000 y 280,000 jóvenes anualmente, sin contar a los desempleados y subempleados actuales.

Los sectores dinámicos del modelo –minería e hidrocarburos– generan poco empleo. Se requiere más de un millón de dólares para crear un empleo directo en estas actividades. Con ese monto de inversión se generan cinco empleos en la manufactura a estándares internacionales y diez a los más avanzados de la manufactura peruana. Si hablamos de la pequeña empresa más capitalizada se generarían 100 empleos por el mismo volumen de inversión. Por el camino actual no vamos muy lejos. Los informes sobre la situación laboral en Lima Metropolitana nos reflejan lo dramático de esta realidad. Crece el empleo en las micro (en gran medida autoempleo) y pequeñas empresas, mientras que en las medianas y grandes permanece estancado.

Esto conduce a que los ingresos de los trabajadores dependientes e independientes permanezcan congelados nominalmente y hasta sean menores que antes, ya que el nivel de capitalización e ingresos en las mypes es claramente inferior al de las empresas más capitalizadas. Es cierto que los ingresos familiares son mayores que antes, por el mayor número de miembros de las familias que laboran. Sin embargo, los ingresos per cápita son menores y tenemos que trabajar más horas. Esto ocurre cuando la economía crece. ¿Qué pasará cuando el crecimiento sea más reducido?, ¿podremos soñar con empleos de calidad para la mayoría de los peruanos?

Enfermedad holandesa

Se origina por la entrada masiva de divisas, especialmente de las exportaciones tradicionales, en las que destacan nuestros sectores punta. A estos ingresos se suman las otras entradas de divisas, incluyendo el capital de corto plazo alimentado por la política monetaria restrictiva del BCRP y la situación internacional. El virus se activa velozmente cuando se aprecia el sol, afectando a las exportaciones menos productivas, las no tradicionales. Se estima que las primeras en disminuir, a menos que se exporte a pérdida, serían las textiles y confecciones, la pesquería y el sector agropecuario. Se destruiría empleo en las mypes de estos sectores y en las actividades exportadoras más intensivas en mano de obra.

No hemos comentado aquí la despreocupación del modelo por el mediano y largo plazo, cuando no se incorporan nuevas reservas probadas de minerales e hidrocarburos. Se olvidan de la vida limitada de nuestros booms exportadores del pasado. Tampoco de los efectos perversos que la concentración, desnacionalización y el neolatifundismo generan cuando se reducen oportunidades de negocios e ingresos, o marginan a amplios sectores de la población. Los problemas son mayores cuando se soslaya la creciente desarticulación entre las actividades dinámicas y el resto "mayoritario" de sectores. Con este panorama, la heterogeneidad estructural y la desigualdad crecen, más aún cuando los grupos sociales marginados del auge tienen que pagar por el acceso a una infraestructura de mejor calidad.

El modelo genera pocos empleos de calidad y por la acción de la enfermedad holandesa estos podrían ser aun menores. Todos, incluidos los políticos conservadores, saben que el modelo peruano tiene fugas. No en vano dos ex funcionarios públicos –él varias veces ministro de diversos gobiernos y la anterior titular del MEF– ahora dicen, fuera del poder, estar preocupados por la desigualdad y la exclusión social. El modelo tiene fuerzas centrífugas que naturalmente lo desestabilizan. Hay que quitarse la careta y decir la verdad. El único antisistema es el propio modelo económico actual. Su ajuste es imprescindible.

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