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¡Señora, señorita ya no! Una circular de mas!

¡Señora, señorita ya no! Una circular de mas!

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Por Ruth Timana La Rosa

Febrero 2012, una circular del Estado francés1, ordena la anulación de la casilla Mademoiselle, en los formularios administrativos. Una victoria para los movimientos feministas, principalmente "Chiennes de garde"2 y "Osez le féminisme"3 que lanzaron una campaña contra este situación de discriminación, pues esta práctica pone en evidencia, la diferencia de tratamiento de los y las ciudadanas en función del sexo. Mientras que en los formularios administrativos y en la práctica cotidiana, no se trata a los varones de "doncello" (damoiseau) o señor (monsieur), sino únicamente de señor (monsieur), las mujeres son interrogadas en cuanto a su civilidad: ¿señorita? (mademoiselle) o ¿señora? (madame).

Si remontamos a los procesos históricos, recordemos que en el Antiguo Régimen, la clasificación social era asignada desde el nacimiento y para la eternidad: o uno nacía en una familia noble, o se nacía en una familia de la "populas". "Mademoiselle" y "Madame" servían en ese entonces para ubicar el estatus de las mujeres, mientras que las "Madame" pertenecían a la nobleza, las "Mademoiselle" pertenecían al tercer Estado. Estos términos marcan la distancia social entre las mujeres y pone el acento en las diferencias más que en las semejanzas. Pero la revolución si bien cambia el uso de estos términos, no cuestiona la situación de dominación y dependencia. Recordemos como lo señala Rejane Senac que "la revolución francesa se realizó ignorando a la mitad de la población", puesto que los revolucionarios negaron a las mujeres la condición de ciudadana. Durante el imperio, el código de Napoleón consagró en 1804, la incapacidad jurídica de la mujer casada y posicionó a las mujeres en condición de menores, imponiéndoles completamente la tutela, primero de sus padres y después del esposo.

Muchas luchas han permitido obtener derechos en diversos ámbitos: en el económico, entre otros derechos, a partir de 1907, la mujer puede disponer libremente de su salario y en 1942 la ley pone fin a la prohibición de trabajar a las mujeres casadas. En el ámbito político, el derecho de participar en el sufragio universal se obtiene en 1944, el derecho a la anticoncepción en 1967, el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo en 1974.
Todos estos avances, observados desde la experiencia peruana, nos parecen contradictorios frente a las resistencias que de repente se cubren tras el gesto de cortesía, que han mantenido el uso social de las categorías "señora" y "señorita".

A pesar de las diferentes circulares (la de setiembre 1967, que estableció que una madre soltera puede hacerse llamar señora y la de 1972 que autoriza a toda mujer de más de 21 años, casada o no, de hacerse llamar "señora"), la costumbre persiste de interrogarnos sobre nuestra situación conyugal y re enviarnos de esa manera, a la esfera privada en espacios públicos. ¿La llamo señorita o señora?, es en el fondo una pregunta que puede conllevar diferentes respuestas, de un lado, sobre ¿nuestra experiencia o desarrollo sexual?, nuestra situación de pareja, de ¿"libertad" o disponibilidad?, ¿nuestra edad?. Cuestionamientos que el calificativo de señor no permite. Demos cuentos en unos años si este detalle permite de hacer evolucionar las representaciones sociales, los derechos de las nuevas generaciones y les permite margenes de desarrollo personal.

Comments  

 
0 #1 Giovanna Timana La Rosa 2012-08-18 15:42
muy cierto, toyalmente de acuerdo.
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