Garzon

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Por Guillermo Giacosa

Los émulos de la Santa Inquisición, que son más de los que uno quisiera y que militan entre quienes pretenden imponernos una ideología única, lograron condenar al JUEZ, y aquí la palabra tiene toda la dimensión positiva que de ella se debiera desprender, Baltazar Garzón. Sí, a aquel que mandó detener al genocida Pinochet durante su estada en Gran Bretaña, el que obró contra otros dictadores latinoamericanos, contra la ETA y como paso indispensable intentó hacerlo contra el pasado nunca juzgado y lleno de cadáveres que representó Francisco Franco, “Caudillo de España por la gracia de Dios” como decían las monedas de ese país.

Garzón acaba de ser inhabilitado por una corte que pretenden detener los escasos impulsos de decencia que aparecen en nuestra sociedad de consumistas afiebrados. Mal para la España oficial, bien para los miles de españoles que desde las calles sumaron un nuevo motivo de indignación a aquel que los tiene en estado de vigilias desde hace varios meses.

No puedo menos que recordar, en este doloroso momento, a Sócrates, a Giordano Bruno, a Galileo Galilei y a Nelson Mandela, todos, al igual que Garzón, condenados por buscar la verdad que, desafortunadamente, suele herir los intereses de quienes detentan el poder.

En la ONU el Alto Comisionado para los Derechos Humanos manifestó su preocupación por el proceso que acusa de "prevaricato" al juez Garzón, por intentar esclarecer las 114 mil desapariciones durante la Guerra Civil y la dictadura de Franco, y consideró que la Ley (española) de Amnistía de 1977 "es contraria al derecho internacional".