Niños seductores

Niños seductores

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Por Guillermo Giacosa

Colgaron en mi Facebook una nota referida a un cura de 79 años que afirmaba que los niños seducían a los sacerdotes que los violaban. Cargaba la culpa en el menor y exculpaba al agresor. El emisor de esta opinión ha perdido la lucidez o quiso decir otra cosa.
Quizá pretendió afirmar que los niños al igual que los adultos establecen lazos empáticos con sus semejantes, lo cual es verdad, pero de ahí a considerar que dicho lazo nos habilita a abusar del otro, especialmente en el caso de los menores o de cualquier otra persona incapaz de defenderse, hay una distancia que solo es imperceptible para quienes han adormecido su inteligencia y su sensibilidad acunado por los dogmas o para quienes procuran exculparse a sí mismos por haber cometido o fantaseado cometer actos similares.
Lao Tse se preguntaba "¿Cómo puedo saber si lo que llamo conocer no es ignorar?" Presiento que no abundan en el clero quienes puedan suscribir palabras tan sabias y tan impregnadas de humildad y de allí que muchas de sus afirmaciones suenen absurdas como la opinión del cura mencionado. Más allá de esa opinión que hiere la sensibilidad, debo decir que también hirió mi sensibilidad la reacción de algunos lectores que justamente indignados execraban al cura con palabras que descalificaban a quien las emitía.
La rabia es emoción y opinar a partir de una emoción no conduce a ningún sitio o idea que valga la pena. Una opinión aberrante, como la mencionada, debiera llevarnos a reflexionar, entre otras cosas, sobre cómo determinadas formas de educación nos acercan más a la ignorancia que al conocimiento.