Fujimori A/B

Fujimori A/B

op-bll-especial10-21-05-2011

Por Carlos Garatea G.

La mayoría de limeños A/B prefiere a Keiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori, hermana de Kenji Fujimori, sobrina de Rosa Fujimori y Víctor Aritomi, ambos escondidos en Japón, el último buscado por Interpol. Sin embargo, es otra la preferencia en buena parte del país. No es insólita esta divergencia. Los grupos más acomodados de la capital no muestran interés por las provincias desde que el Perú apareció en un mapa, salvo cuando de actividades extractivas se trata. Eso sí es continuidad. A fines de los 80, apoyaron a MVLl y Libertad. Luego del golpe, pasaron al lado de Fujimori, que estaba (y está) en las antípodas de nuestro Nobel. Más tarde aplaudieron a Paniagua y condenaron a Fujimori. A los meses, supieron acomodarse con Toledo y, cinco años después, armonizaron con García, a quien habían combatido y a quien ya empiezan a extrañar. Hace poco vieron con entusiasmo a PPK. Hoy no solo injurian a MVLl y ningunean a Toledo sino que apoyan el regreso del fujimorismo. Vaya coherencia. Lo que parece preocupar es cómo mantenerse cerca del poder y asegurar beneficios. Nada de proyecto político, nada de desarrollo humano ni de integración ni de igualdad ni de solidaridad ni de justicia ni de cultura. Sencillamente, nada de nada.

Pues bien, toda preferencia supone algo de identificación. Veamos el paquete. El fujimorismo debe el nombre a su fundador y mentor, hoy preso por corrupción y crímenes de lesa humanidad. Como presidente, dio un golpe de Estado, cambió la Constitución, huyó del país, ocultó que era japonés, quiso ser senador en Japón y desde prisión ha elaborado la candidatura de su hija. El fujimorismo es un grupo inspirado y conducido por él. A todos nos consta las lecciones que nos dieron cuando gobernaron: corrupción, asesinatos, robos, chantajes, sobornos, torturas; se violó el estado de derecho, compraron medios de expresión, controlaron el PJ, hicieron del Congreso un circo, quebraron las FFAA, subastaron la educación, enterraron los partidos y un largo y triste etcétera. La lista solo provoca rechazo. Votar por el fujimorismo es aceptar esas barbaridades y esos delitos para darles carta de permanencia definitiva en nuestra clase política. Es la impunidad gracias al voto de algunos limeños. ¿Eso se quiere?

Lo que une a Keiko con Alberto Fujimori es el fujimorismo. No es asunto de genética. Comparten el mismo proyecto. Por ejemplo, Keiko no se ha distanciado de la corrupción de su padre ni ha dicho una sola palabra sobre sus tíos Rosa Fujimori y Víctor Aritomi y ha guardado silencio sepulcral sobre la fuga de su papá. Por eso somos testigos del regreso de quienes ya nos gobernaron. Si los limeños A/B quisieran ver no tardarían mucho en darse cuenta de que están a punto de encargar el crecimiento económico del país a un grupo que demostró una singular facilidad para todo tipo de corrupción. Para ellos crecer perdona, no importa cómo. Alguien tendrá que explicar alguna vez por qué la tutela de un modelo económico puede hacer olvidar la defensa de principios morales y éticos básicos para una sociedad libre y democrática.

También habrá que explicar la facilidad con que aceptan una realidad groseramente manipulada. Los fujimoristas llaman “error” al golpe del 92, siendo un delito; los asesinatos de La Cantuta son apenas “excesos”; y, en un giro que triza la lógica y la dignidad, se autodenominan “opción democrática”. De aquí al tristemente célebre “autosecuestro” hay milímetros. ¿Cómo llamarán a la esterilización forzada de mujeres? Y ahora quieren convencernos de su adhesión a las conclusiones de la CVR, luego de años en que la condenaron y vejaron a sus integrantes con calumnias y juicios disparatados. Para Keiko y los fujimoristas, A. Fujimori ha sido el mejor presidente del Perú. Reafirmaron su admiración hace pocas semanas. Lo oímos y vimos todos.

El momento es difícil, no lo dudo. Pero un país que se niega a sí mismo, que renuncia a la moral por asegurar bienestar económico, difícilmente podrá progresar, desarrollarse, aunque las bóvedas y las cuentas aumenten sus cifras. La libertad y la cultura son esenciales para vivir en democracia. También la cordura y la solidaridad. Impidamos que triunfe la corrupción y rechacemos la impunidad. Tenemos una patria fatigada por sus penas. No las agudicemos. Podemos ayudar a mejorar su salud. Asumamos el riesgo.