Murakami (I)

Murakami (I)

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Por Eduardo Dargent

Yusuke Murakami, autor del libro más prolijo sobre el gobierno de Fujimori (“El Perú en la Era del Chino”, IEP 2006), señala en una reciente entrevista (La República 3/9) que una de las razones por las que Keiko Fujimori pierde la elección presidencial es por no hacer campaña a tiempo en el sur del país. En el prólogo a la segunda edición de su excelente libro, Murakami defiende esta idea, apuntando hacia Jaime Yoshiyama como la fuente del error. Disculpen la extensa cita, pero es importante no caricaturizar la opinión del autor:

“Yoshiyama mantuvo la campaña a la defensiva. No puso ‘en riesgo’ a la candidata al recomendarle no viajar al sur del país, donde el apoyo a Humala fue mayor, mientras que Humala visitó el norte, donde no había ganado muchos votos en la primera vuelta. La campaña organizada por Yoshiyama llegó tarde a provincias. Por ejemplo, en Ayacucho, donde mucha gente tiene simpatía por el exmandatario, el mensaje de inclusión social de Humala penetró mucho antes que la propaganda fujimorista; así, esta no pudo revertir la tendencia favorable al candidato militar” (pág. 22-23). 

En resumen, un contrafáctico plausible para Murakami es que la apabullante derrota del fujimorismo en el sur en segunda vuelta pudo mitigarse, y, quién sabe, quizá ganar la elección. He recogido en alguna conversación con simpatizantes fujimoristas opiniones similares, obviamente ya no con el afán académico de Murakami, sino con sangre en el ojo contra Yoshiyama por regalarle la elección a Humala. El sur tenía un fujimorismo latente que no fue aprovechado.

Esta semana y la próxima discutiré esta afirmación. Tengo una opinión distinta a la de Murakami. Considero que la candidatura de Keiko en el sur tenía barreras muy difíciles de superar, barreras que se dejaron ver en primera y especialmente en segunda vuelta. Mi lección de la derrota del fujimorismo en el sur es que los intereses al momento de la elección fueron mucho más poderosos que cualquier recuerdo del pasado fujimorista. El tema de Sendero o el viejo clientelismo de Estado no vendían, y en segunda vuelta esta realidad fue apabullante. La base que le quedaba al fujimorismo, aunque relevante en algunas zonas, era mucho más reducida de lo que pensábamos varios antes de la campaña e incapaz de competir con una propuesta más redistributiva y anti-establishment como la de Humala.

Como se imaginarán, es difícil determinar si Keiko descuidó o no el sur en su campaña. Resolver este punto requeriría de más investigación. Tengo la impresión, basada en alguna conversación y en reportes de prensa, de que Murakami exagera esta desidia. Más que desinterés, el abandono tuvo que ver con la decisión de dejar el sur por toparse con una realidad adversa que le impidió conseguir buenos candidatos al Congreso y simpatizantes suficientes para organizar actividades. Los “kits” electorales fujimoristas diseñados para el sur rural fueron recibidos sin entusiasmo ni nostalgia. Ante esas condiciones se prefiere hacer campaña en zonas donde les iba mejor, algunas de ellas inesperadas, como el norte.

Pero lo que intentaré mostrar es que este no es el punto principal del debate. Creo que una interpretación como la de Murakami se ve claramente cuestionada si las cifras fueron muy negativas allí donde supuestamente el fujimorismo era popular. Pues si las personas guardaban un buen recuerdo del expresidente en el sur, estas preferencias debieron ser importantes tanto en primera como en segunda vuelta. Alguna base social tiene que tener ese buen recuerdo como para asumir que la campaña pudo cambiar los resultados. Está bien no eliminar el voluntarismo del análisis, pero con cifras muy negativas habría que aceptar que la campaña sería secundaria frente a un terreno tan poco fértil.

No conozco a Yoshiyama, y, como saben, se me puede acusar casi de cualquier cosa antes que de fujimorista. Pero desde mi interpretación no parece un error de campaña haber privilegiado otras zonas para asegurar el pase a segunda vuelta (recordemos que se pasó con apenas 23%) y luego intentar pelear la elección en segunda sin poner en riesgo a la candidata en un terreno adverso. Los errores, que sí hubo muchos, estuvieron en otros aspectos de la campaña fujimorista. La próxima semana intentaré explicar por qué me inclino por esta opinión y por qué se trata de un debate importante para el estudio y comprensión de la política en el Perú.