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EL RIESGO DE LOS |
TRANSGÉNICOS |
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El debate sobre los transgénicos recién comienza en nuestro país, pero el gran
ausente de la discusión sigue siendo el campesino, aquel personaje que será
directamente afectado en caso la decisión resulte equivocada. |
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Escribe: Eduardo Zegarra
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La ingeniería de los transgénicos
utiliza genes de
alguna especie vegetal o
animal para introducirlos en especies distintas de
vegetales, con la finalidad de hacerlas
más resistentes o más productivas. El resultado puede ser una
semilla patentada que el agricultor
debe adquirir a las transnacionales
y utilizar por una sola vez. La reiteración
de uso, sin el consentimiento
del dueño de la patente, puede acarrearle
demandas judiciales y pagos
de indemnizaciones bastante elevados.
HACIA DONDE VAN NUESTRAS EXPORTACIONES
El aumento de precios internacionales
hace que los productos transgénicos
sean mucho más competitivos y
Estados
Unidos puede exportar al Perú o a
cualquier otro país la cantidad que se le
pida de este tipo de alimentos. Es probable
que en los próximos años estemos
importando todo el maíz y soya
que necesitamos de origen transgénico
de Estados Unidos y Argentina.
El debate científico mundial se centra en los efectos que pueden tener los alimentos transgénicos en la salud humana, así como en los ecosistemas con especies nativas relativamente frágiles y sensibles. |
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Actualmente no sabemos cuánto
maíz y soya transgénicos están
entrando al Perú, porque carecemos
de un sistema de regulación y bioseguridad.
Se estima que en el Perú ya
se están cultivando transgénicos (por ejemplo de maíz, como ya se demostró
en una investigación reciente en
Barranca). Pero no se sabe dónde están
ni cuáles de los productos que producimos
y consumimos son basados en
transgénicos Peor aún, no sabemos
cuál será el efecto de esta masiva
importación de transgénicos en los
cultivos nativos, y menos cuál será el
impacto en la salud de las personas.
Históricamente el mercado norteamericano
sólo significa entre el
25% y el 30 % de nuestras exportaciones
agrícolas. El 70 % se va a
Europa y
Asia. Esa estructura de comercio exterior
tiene implicancias fundamentales.
Si bien Estados Unidos permite
la importación de productos con contenidos
transgénicos, en varios países
de Europa y en
Japón hay regulaciones
muy estrictas y no se aceptan productos
que tengan contenido transgénico.
A Japón le estamos exportando de
10 a 12 millones de dólares. Todavía no
es un mercado enorme. Sin embargo,
hay una gran cantidad de productos
que ingresan a ese mercado, entre
ellos el maíz blanco del
valle de Urubamba.
Si no tenemos un esquema
de regulación para la entrada de maíz
transgénico estaríamos poniendo en
riesgo estas posibilidades de exportación
ahora y en el futuro.
Muchos piensan que sólo el mercado
de Estados Unidos nos va a sacar
de nuestros problemas, pero el dinamismo que ha tenido el mercado de la
Unión Europea en los últimos cuatro
años ha sido mayor que el mercado
norteamericano. Con la caída estrepitosa
del tipo de cambio, Estados Unidos
se vuelve cada vez menos atractivo
para exportar nuestros productos.
En Europa y Japón hay movimientos
de consumidores muy combativos
y fuertes que obligan a sus gobiernos
a que se rotulen los envases que contienen
productos transgénicos. Ellos
no se han creído el discurso de que
los transgénicos no generan ningún
efecto sobre la salud. No quieren que
sus hijos consuman leche ni pollo con
contenido transgénico, y estos países
constituyen una buena cantidad de
consumidores. Nosotros tenemos que
ver hacia dónde van nuestras mayores
exportaciones.
Las señales de los mercados no nos
están diciendo “Perú conviértete en
productor de transgénicos”. Nos están
diciendo “conviértete en exportador
de productos orgánicos, no te embarques
en el tren de los que creen que
los transgénicos los van a sacar de la
pobreza”, como es el discurso de quienes
están detrás de esta tecnología.
Los productos orgánicos, aquellos
producidos sin la ayuda de fertizantes
o pesticidas sintéticos, logran precios
hasta 200% superiores a los otros productos. |
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COMPARACIÓN DE SEMILLAS MODIFICADAS Y NATURALES |
Si bien los transgénicos reducen plagas, pueden generar contaminación ambiental. |
COMPÁRACIÓN DE SEMILLAS MODIFICAS Y NATURALES |
Si bien los transgénicos reducen las plagas, pueden generar contaminación ambiental |
LOS TRANSGÉNICOS |
- Semillas geneticamente manipuladas para menor uso de pesticidas.
- 50% de aumento en la productividad
- Ahorro por hectarea: USD 100 en maiz, 00 en algodon
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A |
PLANTACIÓN CON TRANSGENICOS |
Las abejas al polinezar se llevan el polen en sus patitas a otras plantaciones |
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B |
PLANTACIONES NATURALES |
Las abejas llevan el polen al mismo cultivo con semilla natural o a otros tipos de cultivo y los contaminan. |
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TRES RIESGOS DE CONTAMINACION AMBIENTAL |
1. REDUCCIÓN DE LA BIODIVERSIDAD |
La semilla transgénica puede contaminar el cultivo natural y convertirlo en transgénico. |
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2.CONTAMINACIÓN GLOBAL |
El polen transgénico puede contaminar el resto de cultivos. |
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3. DAÑO AL ECOSISTEMA |
La sustancia tóxica del transgénico puede afectar a las abejas y otros insectos. |
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CULTIVOS ORGANICOS |
Destacan: |
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Exportaciones total 2007
US$ 161 millones |
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Aceituna, camu camu, lúcuma, mango, nuez del Brasil, pecana y derivados, aji, brócoli, cebolla, choclo, espárrago, palmito, pimiento, tomate, menestras y granos (ajonjolí, amaranto, kiwicha, y quinua y derivados), etc. |
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Bananos |
Cacao |
Algodón |
Otros |
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Fuente: RAAA, ADEX, Minag. La República |
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GRAN CONTROVERSIA MUNDIAL
Actualmente existen 100 millones de
hectáreas cultivadas con soya, maíz,
algodón, canola, trigo y cebada transgénicos,
especialmente en Estados
Unidos, Argentina, Brasil, Canadá,
India y China, con un valor estimado
global de 6,000 millones de dólares.
En Sudamérica, la tecnología del transgénico
ha entrado con mucha fuerza
en países con grandes extensiones
de tierras como Brasil, Argentina y
Paraguay. También ha ingresado a
Uruguay, México, Colombia y Honduras,
donde el tema ha generado gran
controversia porque se trata de países
–como el Perú– que tienen mayor biodiversidad.
El debate científico mundial se
centra en los efectos que puede tener
los alimentos transgénicos en la salud
humana, así como en los ecosistemas,
pues siendo aquellas especies muy
agresivas pueden generar desequilibrios
en las especies nativas, relativamente
frágiles y altamente sensibles.
Finalmente, hay la preocupación
sobre el impacto que los transgénicos
puedan tener en la economía de los
productores, pues las transnacionales
han desarrollado semillas y tecnologías que generan una dependencia del
productor respecto del vendedor de la
tecnología. Muy distinta fue la “Revolución
Verde”, cuando la ciencia experimentaba
para generar híbridos dentro
de una misma especie, pudiendo
obtener –por ejemplo– maíz híbrido
con semilla mejorada y eso generaba
aumentos en la productividad. El agricultor
podía utilizarla o continuar con
sus semillas tradicionales. No tenía
riesgos de encadenarse a un único
proveedor que cobra patentes por sus
decisiones.
En consecuencia, éste es el momento
de hacer un estudio de costo beneficio,
que nos permita tener cifras y una estrategia,
para decidir sobre la regulación
de la producción transgénica (medidas
de bioseguridad) y para decidir sobre la
matriz tecnológica más apropiada para
nuestra agricultura. O nos embarcamos
en ser un país productor-consumidor de
transgénicos y aceptamos como vienen
estas tendencias de la globalización, o
decimos: “miren, no nos interesa producir
transgénicos, nuestras ventajas
comparativas están en ser el país de
la biodiversidad, priorizando nuestros productos orgánicos sin descuidar otras
opciones no transgénicas”. |
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El gato de despensero |
Hace unos meses diversos articulistas señalaron su preocupación por una
misteriosa reunión entre el Presidente García y un alto representante de la
transnacional Monsanto, principal productora mundial de semillas genéticamente
modificadas (transgénicos), empresa de enorme poder y agenda
propia para utilizar a países en desarrollo dentro de sus propósitos globales
expansivos.
En dicha oportunidad nadie imaginaba que el gobierno llegaría tan lejos en
la adopción no solo del discurso de dicha transnacional, sino en convertirnos
prácticamente en su representante en los foros internacionales.
La imagen no puede ser más elocuente. Mientras en Lima el Presidente
se jactaba de que el Perú iniciaba una nueva etapa de mayor sensibilidad
ambiental con la creación del Ministerio del Ambiente, en Bonn, Alemania,
la delegación peruana en el foro mundial de bioseguridad se encargaba de
bloquear la iniciativa de 140 países por tener un artículo en la norma internacional
que hacía que las empresas productoras de transgénicos sean corresponsables
por posibles daños y perjuicios causados por sus productos.
Obviamente, este artículo chocaba frontalmente con los intereses de
empresas como Monsanto, y he allí que nuestro país ha jugado el triste papel
de defender directamente los intereses de esta empresa.
Es por esto inaudito lo que ha ocurrido en Bonn con una delegación
peruana en la cual el Ministro de Agricultura infiltró a Alexander Grobman,
un directo representante de los intereses de las compañías productoras de
transgénicos en el Perú y quien se arrogó la representación de todo un país
pero en defensa de intereses particulares.
Grobman es Presidente de tres empresas que se dedican al negocio de
importar y vender semillas, en especial semillas transgénicas: Productora Agrícola
del Campo, Semillas Penta del Perú S.A. e Integradores de Sistemas S.A.
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