El primer auge económico del Perú republicano se sustentó en la exportación del guano: los países de Europa pasaban por una revolución agraria y demandaban abonos, y el Perú era el único productor de guano del mundo. El Estado era su solo propietario porque el guano se encontraba en islas y promontorios que no tenían dueños privados. Para imaginar su impacto piensen como sería hoy si todo el petróleo del mundo estuviera depositado en unas islas frente a nuestras costas y fuera exclusivamente propiedad del gobierno.
Inicialmente el Estado se enriqueció. El primer gobierno de Ramón Castilla organizó la administración pública y el país se estabilizó, pero no se modernizaron otros sectores ni se desarrollaron nuevas actividades. Culminado el gobierno de Castilla, llegó el turno al general Rufino Echenique: él transfirió parte de la renta guanera a las élites, a través de la llamada “consolidación de la deuda interna”.
Durante las guerras de emancipación y los años de la anarquía militar se habían acumulado muchas deudas del Estado con particulares. Había vales por doquier, fruto de confiscaciones para sostener a los ejércitos en campaña permanente. Cuando Echenique anunció que pagaría esos vales, empezaron las maniobras para concentrarlos en pocas manos.
REALIDADES Y CONTRASTES
La corrupción fue tan evidente que estalló una sublevación y tumbó a Echenique. Castilla llegó nuevamente al poder. En su segunda administración, Castilla enfrentó guerras internacionales y conflictos internos y gastó mucho en montar una red de clientela política para sostener su régimen. Así, para 1860, la renta guanera del Estado se había consumido sin haberse invertido en el desarrollo del país y dejando muchas expectativas insatisfechas.
La prosperidad guanera trajo otros problemas. En primer lugar, una elevada inflación, pues al ingresar al país tanto dinero subieron los precios internos. Quienes ganaban en el sector moderno podían defenderse, pero los muchos que seguían en sus actividades tradicionales se empobrecieron. La riqueza de aquellos vinculados a la economía guanera era muy notoria y aumentó la tensión social y la fragmentación.
Peor aún, el guano hizo que otros sectores económicos, como la minería, perdieran interés. La clase propietaria tenía dinero pero carecía de mecanismos y voluntad para transformarlo en capital. Los consignatarios del guano prefirieron usar sus ganancias para prestarle al gobierno y se dio la paradoja de un Estado enriquecido pero endeudado con los concesionarios de su fortuna.
En el gobierno de Balta (1868- 1872) se concretó una idea que había sido intensamente reclamada: transformar el guano en ferrocarriles. Balta colocó la primera piedra de diez líneas ferroviarias que luego no se pudieron terminar. Estos grandes proyectos ferrocarrileros fueron contratados por el Estado con créditos extranjeros contraídos con la garantía del guano. El constructor, Henry Meiggs, planificó una obra que salió muy costosa, tanto por las dificultades de la geografía peruana como por la elevada corrupción.
En 1870, cuando estalló la crisis económica mundial y la demanda por el guano cayó, el Estado Peruano se declaró en quiebra y dejó de pagar a los tenedores internacionales de bonos.
El guano había traído ingentes sumas de dinero pero lejos de transformarse en desarrollo y modernización, la forma corrupta como fue administrado condujo a la bancarrota nacional. A partir de entonces, la nación se sumergió en una crisis muy honda que llevó a la derrota en la guerra con Chile. Lo que comenzó como el sueño del hallazgo de un tesoro, terminó como la pesadilla de la invasión extranjera |