Bajo La Lupa 13
Revista Mensual
de Analisis y Propuestas
N° 13
 
¿Crisis, mercado y corrupción?
Las cuentas pendientes de Fujimori y Keiko
¿Impunidad para Romulo León?
Políticas anticorrupción
 
 
 
 
En este número
 
Portada

Editorial
CÁNCER QUE CARCOME

Romulo León
EL CAMINO A LA IMPUNIDAD

15 millones de dólares AL BRAZO EJECUTOR

Keiko Fujimori
LO QUE LA HEREDERA NUNCA SUPO RESPONDER

Televisión
BOCADO APETITOSO PARA LA CORRUPCIÓN

El caso MAPLE en Piura
REMATAN TIERRAS SIN CONSIDERAR PUEBLOS Y CASERIOS

ORO SUCIO

Con saco
Y CORBATA

Entrevista al
FISCAL AVELLINO GUILLÉN JAUREGUI


¿CUÁL ES NEGOCIO? EL PEAJE PUES

Se compran armas...
¿Y MI COMISIÓN ?

Tras el trono
A MANOS LLENAS

Fujimori:
CASOS PENDIENTES

Honestidad y Corrupción
DOS TRADICIONES EN CONFLICTO EN EL ESTADO PERUANO

POLÍTICA NACIONAL ANTICORRUPCIÓN

¿PORQUE NO TENEMOS ASCO A LA CORRUPCIÓN?

PACTO ÉTICO CONTRA LA CORRUPCIÓN
 

Wikipedia
 
 
HONESTIDAD Y CORRUPCIÓN
DOS TRADICIONES EN CONFLICTO EN EL ESTADO PERUANO
 
Para formar un Estado realmente moderno y eficiente, es necesario que la honestidad guíe a los políticos. Y que exista verdadera sanción ejemplar para quien se aparte de ella.
  Para muestra un botón: un puerto para don Romero

Dionisio Romero es uno de los hombres más poderosos del país y siempre ha tenido vínculos con los gobernantes. Hace poco ha reconocido sentirse cercano al Presidente García y haber apoyado la campaña en los 80. Además, ha indicado que no se arrepiente de haber cedido un jet privado para que Vladimiro Montesinos huyera del país ante el escándalo de los vladivideos. “Lo volvería a hacer”, ha dicho en una entrevista.

Su cercanía al régimen de Fujimori se evidencia en las privatizaciones. El caso del Puerto de Matarani es emblemático. El terminal se adjudicó con un solo postor, pese a que las reglas estipulaban que el proceso se haría con un mínimo de dos postores.

El operador ganador fue Santa Sofía Puertos, empresa del Grupo Romero.

Para garantizarse la adjudicación del Terminal Portuario de Matarani, la empresa de Romero consignó como operador a la norteamericana SS A International. Pero luego de adjudicado el puerto, se modificó indebidamente el contrato (sin la aprobación de OS ITRAN ni la CEPRI Puertos) retirando a SS A International y designando a la misma Santa Sofía Puertos como operador. Esta modificación, según consta en las investigaciones, se realizó mediante “instrumentos fraudulentos”. Además, existen indicios de subvaluación del puerto en la determinación del precio base.

Habría que agregar que el representante legal de Santa Sofía Puertos era Arturo Woodman (hoy Presidente del IPD, antes candidato a la vicepresidencia con Lourdes Flores), quién al mismo tiempo se desempeñaba como funcionario de la CEPRI Tierras Eriazas. Ambas CEPRIS dependían de una misma instancia, la COPRI. Es decir, Woodman era funcionario de la COPRI y al mismo tiempo representaba a un postor ante su institución.

Habría que tener cuidado, porque últimamente parece que estuviéramos volviendo a los tiempos de los remates a cualquier precio del país y los actores de otros tiempos se reciclan y acomodan nuevamente. Miren lo que paso en esa época, y eso que en ese momento los ministros no iban a las suites de los postores.

 

La corrupción es un hábito muy enraizado en el Perú. Incluso los protagonistas de la corrupción de los 1990 tienen larga continuidad en negocios tramposos con el Estado peruano. Por ejemplo, el traficante de armas de origen judío Swi Sudit reconoce haber pagado sobornos en 32 operaciones que realizó en los 1990. Asimismo, el mismo personaje informa que había vendido armamento al Estado durante tres décadas consecutivas. La carrera de Sudit confirma la larga continuidad de intermediarios especializados en concretar negocios pagando sobornos. También evidencia la exacerbación producida en los noventa: nunca como antes el traficante israelí realizó tantos negocios con el Estado peruano.

BATALLA FUNDAMENTAL

Es imposible comprender la corrupción bajo el gobierno Fujimori sin la perspectiva de la tradición deshonesta en el Estado peruano. Esta tradición antigua y reiterada consiste en la arbitrariedad de considerar la bolsa pública como fuente legítima para satisfacer negocios privados. Pero no campea en solitario en el Perú. Por el contrario, a lo largo de la historia hemos tenido oposición y lucha alrededor del tema corrupción. El país ha producido una segunda tradición: la de la lucha por la honestidad y el buen gobierno.

Estas dos tradiciones se hallan en contradicción y permanente conflicto que no se resuelve hasta ahora. El escenario político peruano es un campo de batalla y el tema corrupción atraviesa a todos los actores políticos. En cada uno de ellos encontramos personas corruptas y otras honestas. Del mismo modo, en todos los partidos y corrientes han surgido deshonestidad y corrupción. El problema del país es que no se llega a zanjar en definitiva.

Esta batalla es una de las fundamentales del Perú. Para formar un Estado moderno es necesario que la honestidad guíe a los políticos y que exista sanción ejemplar para quien se aparte de ella. Pero la condición para ello es un pacto entre políticos honestos, que imponga las reglas del buen gobierno que deben prevalecer.

Por el contrar io, durante los noventa, estas normas de conducta se pusieron de lado desde el mismo Estado. El núcleo en el poder organizó de arriba abajo un proceso monstruoso de corrupción. La década fujimorista fue un escándalo en toda regla, incluso para una historia tan jaloneada por episodios negativos en materia de corrupción como la peruana.

 
EN LA ERA DEL GUANO
La naciente República cae presa de la corrupción
 
 

El primer auge económico del Perú republicano se sustentó en la exportación del guano: los países de Europa pasaban por una revolución agraria y demandaban abonos, y el Perú era el único productor de guano del mundo. El Estado era su solo propietario porque el guano se encontraba en islas y promontorios que no tenían dueños privados. Para imaginar su impacto piensen como sería hoy si todo el petróleo del mundo estuviera depositado en unas islas frente a nuestras costas y fuera exclusivamente propiedad del gobierno.

Inicialmente el Estado se enriqueció. El primer gobierno de Ramón Castilla organizó la administración pública y el país se estabilizó, pero no se modernizaron otros sectores ni se desarrollaron nuevas actividades. Culminado el gobierno de Castilla, llegó el turno al general Rufino Echenique: él transfirió parte de la renta guanera a las élites, a través de la llamada “consolidación de la deuda interna”.

Durante las guerras de emancipación y los años de la anarquía militar se habían acumulado muchas deudas del Estado con particulares. Había vales por doquier, fruto de confiscaciones para sostener a los ejércitos en campaña permanente. Cuando Echenique anunció que pagaría esos vales, empezaron las maniobras para concentrarlos en pocas manos.

REALIDADES Y CONTRASTES

La corrupción fue tan evidente que estalló una sublevación y tumbó a Echenique. Castilla llegó nuevamente al poder. En su segunda administración, Castilla enfrentó guerras internacionales y conflictos internos y gastó mucho en montar una red de clientela política para sostener su régimen. Así, para 1860, la renta guanera del Estado se había consumido sin haberse invertido en el desarrollo del país y dejando muchas expectativas insatisfechas.

La prosperidad guanera trajo otros problemas. En primer lugar, una elevada inflación, pues al ingresar al país tanto dinero subieron los precios internos. Quienes ganaban en el sector moderno podían defenderse, pero los muchos que seguían en sus actividades tradicionales se empobrecieron. La riqueza de aquellos vinculados a la economía guanera era muy notoria y aumentó la tensión social y la fragmentación.

Peor aún, el guano hizo que otros sectores económicos, como la minería, perdieran interés. La clase propietaria tenía dinero pero carecía de mecanismos y voluntad para transformarlo en capital. Los consignatarios del guano prefirieron usar sus ganancias para prestarle al gobierno y se dio la paradoja de un Estado enriquecido pero endeudado con los concesionarios de su fortuna.

En el gobierno de Balta (1868- 1872) se concretó una idea que había sido intensamente reclamada: transformar el guano en ferrocarriles. Balta colocó la primera piedra de diez líneas ferroviarias que luego no se pudieron terminar. Estos grandes proyectos ferrocarrileros fueron contratados por el Estado con créditos extranjeros contraídos con la garantía del guano. El constructor, Henry Meiggs, planificó una obra que salió muy costosa, tanto por las dificultades de la geografía peruana como por la elevada corrupción.

En 1870, cuando estalló la crisis económica mundial y la demanda por el guano cayó, el Estado Peruano se declaró en quiebra y dejó de pagar a los tenedores internacionales de bonos.

El guano había traído ingentes sumas de dinero pero lejos de transformarse en desarrollo y modernización, la forma corrupta como fue administrado condujo a la bancarrota nacional. A partir de entonces, la nación se sumergió en una crisis muy honda que llevó a la derrota en la guerra con Chile. Lo que comenzó como el sueño del hallazgo de un tesoro, terminó como la pesadilla de la invasión extranjera

 
 
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Bajo La Lupa N° 16

 

 
 
Última actualización 11-May-2010
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