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Cáncer que carcome
En Perú: coima, vara, aceite; en México: mordida, palanca, sisa; en Colombia mamadera o valija, en Venezuela, matraca y en Brasil, caixinha... cualquier sea el país latinoamericano, encontraremos no una sino muchas palabras para nombrarla.
La corrupción se presenta y se reproduce cotidianamente, sustrayendo para beneficio de unos pocos enormes cantidades de recursos públicos, recursos que nos corresponden a todas y todos los ciudadanos.
Y lo hace de muchas maneras.
El médico que viaja a becas y congresos invitado por la empresa farmacéutica cuyas medicinas son las únicas que receta, el policía que espera una propinita a cambio de no poner una multa, el ministro que coloca en la planilla a sus parientes y allegados, los congresistas “tránsfugas” que cambian sus votos por unos cuantos milloncitos, los dueños de medios que venden su deber de informar objetivamente, las empresas privadas que ofrecen empleos con honorarios abultados a los familiares de quienes ocupan altos cargos en el gobierno…
Estos últimos, claro, son los más graves. Porque la corrupción es un cáncer que carcome al régimen democrático por dentro, debilita las instituciones, impide que la ley opere por igual para todos los ciudadanos, alienta los abusos, mantiene prebendas y privilegios, nutre al crimen organizado. Reconocida como uno de los flagelos de nuestra época, ahora contamos con instrumentos internacionales para combatirla: las Convenciones Interamericana (1996) y de las Naciones Unidas (2003) contra la Corrupción.
Sobre los casos más graves de corrupción ocurridos el Perú en los últimos gobiernos y sobre los avances en esta lucha de David contra Goliat, trata este número de Bajo La Lupa. Pues estamos convencidos de que esta lucha es de todos nosotros. Si no nos informamos y damos cuenta de las implicancias de la corrupción para el futuro de nuestro país, si no asumimos combatirla en todas sus manifestaciones y formas, si no acordamos no volver a premiar con la reelección a partidos y funcionarios que la permiten y ejercen: entonces nunca, por más leyes, comisiones y juicios que se entablen, podremos ganarle la batalla... |