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PACTO ÉTICO CONTRA LA CORRUPCIÓN |
A pesar de contar con diversos instrumentos, mecanismos e instituciones de control, fiscalización y supervisión de las instituciones públicas del Estado, los actos de corrupción no han dejado de existir en pequeña y gran escala en los distintos niveles de gobierno. La pregunta que siempre nos hacemos es por qué el ejercicio de la función pública va por un carril distinto a la responsabilidad ética. Cuando lo público se piensa y se ejerce como un bien privado, estamos frente a una gestión pública irresponsable y corrupta, porque se apropia de aquello que nos pertenece a todos. Es urgente contar con un Pacto Ético contra la corrupción que involucre el compromiso real de los distintos actores sociales, económicos y políticos del país, y que los ciudadanos y ciudadanas estemos comprometidos con exigir su cumplimiento. Al respecto sugerimos algunos criterios: |
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1 |
Honestidad comprobada, expresada en una conducta de vida intachable (una hoja de vida limpia). |
2 |
Conocimiento de las necesidades y potencialidades de la población, expresada en un adecuado diagnóstico de las diversas realidades del país, en sus problemáticas y también en sus potencialidades. |
3 |
Propuestas claras y realistas, expresada en compromisos y planes de gobierno que se puedan cumplir y no tener una vez más promesas incumplidas. |
4 |
Compromiso con la justicia, expresada en compromisos por la igualdad de oportunidades para todos y todas, por la reconciliación histórica con los más pobres y la responsabilidad del Estado para superar las situaciones de pobreza y marginalidad. |
5 |
Compromiso por el bien común, expresada en políticas públicas que promuevan el desarrollo humano, y que la economía y la política estén centrados en la persona humana y en el cuidado de los bienes de la naturaleza. |
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