GUERRA
CONTRA
LOS
PEQUEÑOS
PRODUCTORES |
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En "El Perro del hortelano", el Presidente Alan García critica a los “izquierdistas” y “agitadores” que se oponen a su política y a su visión del desarrollo. El problema es que para García los actuales dueños y usuarios de esos recursos naturales que el Presidente quiere subastar, son también “Perros del Hortelano”.
Escriben Carlos Monge y Rocío García.
En el Perú hay unos 38 mil pescadores artesanales que trabajan en unas 9 mil pequeñas embarcaciones pesqueras pequeñas. Seguro que son poco eficientes y que
su productividad no se compara con la de la muy moderna maricultura o con las flotas pesqueras de arrastre.
Seguro que sería más “eficiente” convertir todo, desde el muy-muy de la playa hasta el lenguado o el mero y el jurel y la caballa, en harina de pescado para alimentar chanchos en Alemania o peces ornamentales en China, o tomar todo el mar para la moderna maricultura de exportación.
PROPIETARIOS DE LA NADA
Pero, ¿qué hacemos con esas 38 mil familias? ¿Las contratarán las grandes empresas pesqueras y de maricultura? ¿A cuántos? ¿Y cuántos pasarán a engrosar las filas de los des, sub y semi empleados de las ciudades? En el Perú también hay alrededor de 1.5 millones de pequeños productores agropecuarios, que tienen propiedades de menos de 10 hectáreas cada una, y que están ubicados sobre todo en la costa. Seguramente son también muy ineficientes y seguramente también
bastarían unos cuantos grandes y modernos empresarios de la agroexportación para “trabajar mejor” esas tierras, con productividad de punta, como en Chile.
Pero, de nuevo, ¿qué hacemos con ese millón y medio de propietarios y sus familias? Tendrán que reacomodarse en alguna de las variantes de la
pobreza urbana? ¿O serán todos recontratados para trabajar como peones de a 12 soles diarios, sin estabilidad, sin seguro, sin vacaciones, sin pensiones, sin nada? Como lo fueron sus padres–y en esas mismas tierras- antes de la reforma agraria.
En la sierra y selva tenemos más de 5,500 comunidades campesinas andinas y más de 1,200 comunidades nativas en la Amazonía, albergando a más de dos millones y medio de personas. De nuevo unas decenas de grandes empresas manejando enormes plantaciones forestales comerciales, y otras tantas sacando mineral a
todo tren, seguramente harán uso más “eficiente” de esas inmensas praderas de pastos alto-andinos hoy “desperdiciadas” por comuneros pobres que comandan chacras y rebaños de vacas, carneros y camélidos andinos de baja productividad.
Seguramente esas mismas empresas también manejarían mejor las tierras amazónicas, que hoy día están en manos de múltiples comunidades nativas ignorantes de las maravillas que ahí se podrían hacer en términos de producción comercial de chips de madera. O de las ganancias enormes que algunos –no ellos- podrían tener extrayendo el gas y el petróleo que ahí existe.
PAGANDO LOS PLATOS ROTOS
Pero, ¿y esos 2.5 millones de personas? ¿Cuántos podrán pasar a ser trabajadores de las minas y de los campamentos petroleros y gasíferos? ¿Y cuántos
serán contratados como peones en las plantaciones forestales? ¿Y en qué condiciones? Hay pues un problema serio con esto de “los perros del hortelano”. Más que
un ataque contra los agitadores y las ONGs que critican algunas políticas sectoriales o las visiones generales del Presidente García, se trata de una declaración de guerra que –en nombre de la gran inversión privada- la mas alta autoridad del país declara contra la pequeña producción pesquera, agropecuaria y forestal peruana.
Si hemos llevado bien la cuenta, esos perros del hortelano suman varios millones de peruanos y peruanas y sus familias. Y ni que decir de la catastrófica
pérdida de biodiversidad que esta propuesta entraña. ¿Alguien dijo desarrollo inclusivo y sostenible?
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