Durante varios meses, voceros del Gobierno advirtieron que la “anticumbre” podría generar caos y violencia, y pusieron obstáculos al otorgamiento de permisos
y garantías. Sin embargo, los cerca de 13 mil participantes demostraron que se trataba de un encuentro de organizaciones sociales, ONG, movimientos, partidos y ciudadanos en general para discutir propuestas alternativas a las políticas comerciales, sociales y medioambientales que la cita oficial estaba negociando.
La Cumbre de los Pueblos, realizada en la Universidad Nacional de Ingeniería, contó con un centenar de actividades en sus cuatro días de duración, desde conversatorios, talleres y reuniones hasta los diversos eventos de arte y cultura: muralizaciones, teatro, danza y conciertos masivos.
DEBATE ABIERTO
Pero la actividad central, sin duda, fue el Tribunal de los Pueblos. Esta institución, que juzga éticamente casos emblemáticos de violaciones a los derechos humanos, sesionó para conocer las denuncias contra 24 empresas de origen europeo que operan en América Latina.
Cuatro de estos casos ocurrieron en Perú:
la muerte de 24 niños en Taucamarca intoxicados por un producto de la Bayer, la exploración minera ilegal que la empresa de capitales ingleses y chinos Majaz viene realizando en la sierra de Piura, las malas prácticas laborales de la
agroexportadora Camposol que pertenece a una empresa noruega, y la corrupción en el manejo de la deuda externa peruana de la cual se benefició el banco inglés HSBC.
Luego de analizar los 24 casos, el Tribunal concluye que no se trata de hechos aislados, sino de la lógica de un régimen económico que pone por
encima el beneficio de las empresas y no los derechos de las personas y comunidades.
La Cumbre de los Pueblos ha sido, sin duda, uno de los hechos políticos más relevantes para el movimiento social peruano en los últimos años. Podemos resaltar tres elementos positivos. En primer lugar, que la opinión pública se ha abierto a un debate sobre el modelo económico. Los medios de comunicación no han podido invisibilizar en evento y algunos inclusive han hablado de “las dos cumbres” como eventos de magnitud similar. Unos 750 periodistas estuvieron acreditados, entre ellos innumerables corresponsales de radios del interior que han llevado información día a día a sus regiones.
En segundo lugar, el protagonismo del movimiento indígena y campesino fue notorio. Las comunidades de todo el país participaron masivamente y mostraron que están en camino a ser un actor social importante. También que se han nutrido de los debates de sus pares en
Ecuador y
Bolivia, que ya están construyendo modelos de Estado plurinacionales con todas las implicancias que ello tiene. En tercer lugar, esta Cumbre fue producto de un trabajo conjunto entre sectores y organizaciones muy diversas, sindicales, institucionales, campesinas,
juveniles, partidarias, entre otras, con lo que se ha conformado un espacio de trabajo que, ahora, se plantea retos mayores.
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