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EL ARTE AMAZÓNICO Y EL REALISMO MÁGICO
La matriz del arte y la cultura amazónica antigua, moderna y postmoderna se fundan y se reproducen en la cosmovisión indígena expresada en el arte, mitos, leyendas, pintura, música y danza.
La matriz del arte y la cultura amazónicas es la cosmovisión indígena y su llave maestra es el ayahuasca, la soga de los muertos, clave de todo el sistema de conocimiento y saber del shamanismo.
La cosmovisión indígena es el legado vivo y dinámico de pueblos pertenecientes a 12 familias etnolingüísticas, entre los cuales están los Arawak, Jíbaro-Jíbaro, Pano, Tupí-Guaraní, Cahuapana, Peba-Yagua, Huitoto, Harakmbet, Tacana, Tucano, Záparo y otros aún sin clasificación que han interactuado con el universo tropical hace más de cuatro mil años, construyendo y creando admirables civilizaciones precolobinas. Su conocimiento y saber sobre el mundo espiritual y material es asombroso. La pintura, la música, la danza, la literatura se nutre de esta cosmovisión.
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Un ejemplo de ello es el tejido y la artesanía en arcilla de los Shipibo-Conibo-Shetebo. El geometrismo y estilización plástica de sus tejidos y la pintura de sus piezas de cerámica son comparables con el arte moderno occidental. Los principios de la abstracción se hallan muy desarrollado en el arte amazónico. El mismo pueblo Pano posee un conocimiento etnobotánico tan avanzado y sofisticado que ha elaborado un sistema de clasificación de más de 200 plantas medicinales o Rao para la curación de igual número de enfermedades.
Las más destacables expresiones del arte amazónico actual tienen sus fuentes en la cultura indígena. Tal es el caso de la narrativa, tanto de la novela como del relato, que se sumerge en la etnoliteratura indígena y la tradición oral mestiza para pescar argumentos, lenguajes, personajes y
atmósferas. La narrativa de César Calvo es
una muestra de ello, igual que la poesía de
Cayo Vásquez sólo para citar dos autores. Lo
mismo sucede con la pintura, que ha evolucionado
y transitado en las últimas décadas
desde un selvismo y paisajismo realista y fotográfico
hasta el expresionismo mágico y un
abstraccionismo lírico inspirado en la estilización
geométrica del dibujo y la pintura de los
Shipibo-Conibo-Shetebo; los mitos y leyendas
indígenas son la fuente de un arte inspirado
tanto en la cultura como en la naturaleza.
Las obras pictóricas de Yando, Samuel
Coriat, Salazar Orsi, Pablo Amaringo, Rember
Yahuarcani , Gino Ceccarelli e incluso
de Christian Bendayán, este último el más
urbano de los pintores amazónicos actuales,
revela esta impronta mítica y mágica, rural
y urbana.
EL REALISMO MÁGICO AMAZÓNICO
En el prólogo de El Cuento Peruano (1980 -
1989), el destacado crítico literario Ricardo
González Vigil, reflexionando y analizando
las tendencias y corrientes de la literatura
a partir de diversas y sucesivas
generaciones de escritores y particularmente
refiriéndose a los aportes
narrativos en los ochentas, escribe:
“Siguen enriqueciéndose las
principales corrientes narrativas
establecidas desde
los años 50: el Realismo
Maravilloso, donde destacan
el arribo-por fin-a una narrativa amazónica
cabalmente desde adentro (los cuentos de Rumrrill y
Panaifo, y las novelas Las tres
mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía de César Calvo y El hablador de Vargas Llosa, sorprendentemente este último, por única vez se identifica con la óptica popular ajena a la modernidad…).
Un brote generacional anterior emergió hacia 1934 y 1935. En ese período, de acuerdo a González Vigil, se produce el tránsito del regionalismo tradicional hacia una nueva narrativa: el realismo maravilloso o mágico de José María Arguedas, Ciro Alegría, Arturo D. Hernández y Francisco Izquierdo Ríos y el neorrealismo urbano.
En un breve ensayo titulado Una trocha para la literatura amazónica (Shupihui, Iquitos, 1981), Rumrrill estudió este período en su vertiente amazónica, sobre todo a partir de la aparición de la revista Trocha en Iquitos, en setiembre de 1941, que inicia el surgimiento de una generación de escritores importantes oriundos de la región amazónica.
No son muchos, pero son como la sal de la tierra: Juan E. Coriat, César Lequerica Delgado, Víctor Morey, César Calvo de Araujo, Humberto del Águila, Arturo Burga Freitas, Arturo D. Hernández y Francisco Izquierdo Ríos. Estos dos últimos los mayores escritores amazónicos del siglo XX y representantes del realismo mágico amazónico.
De todos estos autores, Arturo Burga Freitas es quien posiblemente estuvo más cerca del gran tema de la narrativa amazónica: el mito y la cosmovisión indígena, como una propuesta de recreación y de invención de los valores fundamentales de la cultura amazónica. Tanto en Ayahuasca como Mal de gente y sobre todo en sus relatos sobre la cosmogonía del pueblo Shipibo- Conibo-Shetebo, Burga explora y recrea, desde los límites de su concepción occidental y desde la formalidad más o menos acartonada de su prosa recargadamente adjetival y una estructura narrativa lineal, el universo indígena amazónico que penetra con todo su poder transformador, como la naturaleza amazónica que se recicla permanentemente en los predios de la realidad de hoy.
Asimismo, César Calvo de Araujo que fue un prolífico pintor que plasmó una primera imagen desde dentro de la amazonía, que superaba la visión dibujada al paso por los viajeros. Calvo de Araujo fue padre de César Calvo, el más delicado de los poetas amazónicos, quien dejara también narrativa y ensayo de hondo contenido peruano y amazónico.
Por su lado, tanto Arturo D. Hernández como Francisco Izquierdo Ríos nos proponen una visión de descubrimiento del universo amazónico. En ambos casos, este universo está dominado por fuerzas extrañas y misteriosas. La fatalidad como un peso cósmico determina el destino humano.
Sin embargo, Izquierdo Ríos resuelve este dilema y aparente dicotomía a partir de la asunción de lo social y político como respuesta a las fuerzas ciegas e instintivas y del determinismo geográfico. Para este autor, más allá de los poderes misteriosos e incomprensibles, están las fuerzas y conflictos sociales, desviando o enderezando el cauce de las vidas individuales o colectivas de gentes de los pueblos.
En las obras de Francisco Izquierdo Ríos, la injusticia social que ahoga los días de sus personajes, marginales y cálidamente humanos, no es el resultado de un orden natural irreversible e inexorable, sino el producto de relaciones de dominación impuestas por los mismos hombres y las cuales debemos cambiar a través de la rebeldía social organizada.
Desde la aparición del Grupo Cultural “Bubinzana”, en Iquitos de los sesentas del siglo XX, y del Grupo “Urcututo”, en los ochentas, y de otros movimientos culturales en el resto de la Amazonía, se ha estado dando un proceso de decantación del selvismo y paisajismo que caracterizan aún a la literatura amazónica. En este lapso se ha producido una confluencia entre dos grandes vertientes, lo mítico y lo social.
La urbe refracta al mundo rural y viceversa. Lo mítico y lo social no son opciones contradictorias. Al contrario, la totalidad de la realidad amazónica sólo puede ser entrevista y vislumbrada desde estas opciones y perspectivas, desde estas dos orillas.
Reto y desafío en un proceso de creación de un arte a tono y a la altura y profundidad de un universo cuya develación en todos los campos será portento en el siglo XXI. |