Cuando hablamos de salud generalmente nos enfocamos en la condiciones de las poblaciones de seres humanos que habitan determinado territorio, pero no en la de los ambientes naturales que los albergan; para esos ambientes utilizamos el concepto de deterioro ambiental. Pero existe una salud que podríamos denominar natural, y que en el caso de la Amazonía influye directamente en la salud de los seres humanos en el mundo entero. La salud de todas las especies guarda relación con la salud de la más importante selva de la Tierra.
Una mirada similar lleva a los enfoques tradicionales de salud a asumir que sus esquemas pueden replicarse en poblaciones, territorios y culturas que mantienen una relación intrínseca con su entorno natural. Por ello los esquemas sanitarios han tenido y tienen ciertas dificultades cuando se pretenden aplicar en las poblaciones y territorios de la selva.
Nos contaba un antropólogo que el Ministerio de Salud cuando llegó a cierta comunidad amazónica afectada por el SIDA y pretendió explicar a sus habitantes su tratamiento y prevención, se percató de que el concepto SIDA no existía en esa comunidad a pesar de que sus miembros eran víctimas del virus. Existía la fiebre, el malestar, la perdida de peso, la debilidad, pero no el SIDA como tal. Obviamente si algo no existe para un grupo humano, es poco lo que se puede hacer para luchar contra ello. Una situación análoga nos tocó experimentar en Ucayali, cuando en un foro sobre acceso a salud, un funcionario del MINSA, señalaba que a las comunidades amazónicas había que obligarlas a dejar sus malas prácticas sexuales en las que se iniciaban tempranamente porque eran perjudiciales en sí mismas para la salud mental y corporal de sus habitantes. No había asomo de entendimiento en el enfoque del funcionario, que antes que buscar la salud de los amazónicos parecía buscar indulgencias.
Estas y otras constataciones llevan a observar la Amazonía desde la necesaria incorporación de lo que conocemos como enfoque de interculturalidad. En ese sentido si bien en la teoría y en algunas prácticas existen avances, en el fondo aún la salud pública no es capaz de asumir que la Amazonía es en sí misma poseedora de una salud colectiva y natural que guarda un equilibrio del que aprenderíamos mucho si nos abriéramos a él.
De hecho la medicina y los sistemas sanitarios en buena medida son necesarios para acercar el derecho a la salud a las poblaciones amazónicas, pero éstos deben adecuarse a la cosmovisión amazónica. No es extraño por ello que, cuando se interactúa con representantes de comunidades de la selva, una de las principales exigencias es el respeto a las tradiciones sanadoras, la incorporación de los saberes, de los dialectos y de las sustancias vegetales que las comunidades amazónicas utilizan para sanarse.
Volviendo al planteamiento inicial sobre la salud de la amazonía como entidad en sí misma, observamos que las instancias que trabajan por la salud pública, aún no incorporan el concepto de Amazonía como una vida magnífica, que posee una salud propia que hay que interpretar. Ello es urgente debido a que es la selva suramericana, a pesar de toda la depredación que se ha dado sobre ella, la que aún sigue siendo la principal reserva de biodiversidad del planeta. |