Misteriosa, exótica, disponible, despoblada, llena de
riquezas inexploradas y peligros que sólo los más valientes
y duros pueden vencer: esas son algunas de las representaciones
más comunes acerca de la Amazonía, en el
imaginario de aquellos que vivimos en la Costa y la Sierra.
Estas imágenes que los peruanos hemos construido no
son ni tan cercanas ni tan lejanas de la realidad. Ni despoblada
ni disponible, la Amazonía ha sido el territorio
ancestral de una multiplicidad de etnias y grupos indígenas
que a lo largo de centurias desarrollaron formas amables
de convivir con esa naturaleza agreste y diversa.
Hoy, la naturaleza y pobladores ancestrales, se encuentran
igualmente arrinconados y a punto de desaparecer,
ante la arremetida incontrolada de poderosos intereses
económicos –frecuentemente foráneos- que desconocen
sobre equilibrios ecológicos y sostenibilidad ambiental;
que ignoran que hay otros que también tienen derechos
aunque no sean visibles o no tengan voces, y que lo único
que toman en cuenta es la recuperación acelerada y acrecentada
de sus inversiones, con una visión cortoplacista
de explotación desenfrenada, sin preocuparse por lo que
suceda mañana.
Con el argumento de proveer al mundo urbanizado y a
la producción industrial de las materias primas y fuentes
energéticas que requiere para seguir creciendo ilimitadamente,
las empresas privadas están invadiendo -con la
anuencia de Estados irresponsables que no analizan las
consecuencias de largo plazo sobre las perspectivas de
desarrollo autónomo de su naciones- las últimas fronteras
del mundo que quedaban sin explotar.
La Amazonía es una de ellas. Considerada “el pulmón
del mundo” debido a que los siete millones de kilómetros
cuadrados de bosque producen oxigeno y ayudan a
depurar el aire que respiramos en todo el planeta, y es
reserva de diversidad ecológica de valor incalculable, la
región amazónica está siendo depredada a un ritmo tan
acelerado que se calcula que en 50 años se habrá reducido
a menos de un tercio de su territorio actual.
Bajo la Lupa dedica este número a la compleja problemática
de nuestra Amazonía: su diversidad que es gran
riqueza potencial, y su fragilidad que exige trato de sumo cuidado y respeto; las aún no suficientemente conocidas
y apreciadas poblaciones que aprendieron a entenderla y
convivir con ella y cuyos derechos desconocemos en general;
el proceso de ocupación más reciente por parte de
colonos –empujados por la necesidad– que también tienen
derechos y deben aprender a respetarla; las políticas
estatales que se han venido implementando en décadas
recientes –basadas en la fantasía de que los recursos de la
Amazonía son inagotables–, y cuyo balance apunta a que
los efectos negativos superan las ventajas.
¿Cuáles son las alternativas? ¿Cómo equilibrar los derechos
de las diversas poblaciones y grupos interesados con
los intereses nacionales y el bien común, las urgencias
de recursos e ingresos al corto plazo con el desarrollo a
mediano y largo plazo?
Sin duda no hay una única respuesta. Las respuestas
más adecuadas, la elección más justa, sólo pueden emerger
de un debate nacional amplio e informado, al cual con
este número de Bajo la Lupa queremos contribuir. |