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EL CALENTADOR “PERRO DEL HORTELANO” |
El modelo actual hace todo lo contrario a lo requerido para contribuir a controlar el calentamiento global |
El planeta viene atravesando por una transición. Tan trascendente como la que correspondió a lo que en conjunto se denominó “la caída del muro de Berlín”. Crisis del sistema capitalista, cuestionamiento a los mecanismos de representación y a ciertas formas “democráticas”, y cambio climático, son los tres factores más determinantes de este nuevo proceso mundial.
No hay por lo tanto modelo de desarrollo que en la actualidad pueda diseñarse o construirse obviando las evidencias del cambio climático y sus consecuencias. Menos lo puede hacer un país que por su nivel de desarrollo muestra altos niveles de vulnerabilidad, que se agravan por la brecha social existente, como en el caso peruano. Un modelo que no considera la variable climática hace, literalmente, “agua”. Y es en ese sentido que los artículos presidenciales escritos desde el año 2007 bajo el título común de “El síndrome del perro del hortelano” son la más clara expresión de una política ajena a una realidad evidente: la realidad climática.
Ello expresa en primer lugar lo poco que se ha aprendido de la experiencia. Las pérdidas en el país por la presencia de El Niño entre los años 1982-1983 ascendieron a casi 1 mil millones de dólares, incrementándose para el caso de El Niño de los años 1997-1998 a casi 3 mil quinientos millones de dólares. Expresa a su vez el desconocimiento de que debe tenerse mucho cuidado
en el manejo de los recursos naturales, los ecosistemas y las poblaciones más vulnerables para enfrentar la variabilidad climática y las consecuencias del calentamiento global.
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¿CÓMO CONTAMINA LA ATMÓSFERA EL PERÚ?
A inicios de la presente década el Perú producía no más del 0.4% del total de gases de efecto invernadero – GEI - a la atmósfera. Casi el mismo nivel de emisiones de países como Nueva Zelanda o Dinamarca, pero con la gran diferencia que el PBI per cápita de estos países es 5 veces mayor que el peruano. Ello pone en evidencia el bajo nivel de eficiencia ambiental en
el desarrollo de acciones generadoras de GEI en el Perú. Por su lado de este total, el 47% de las emisiones correspondieron
a cambio de uso del suelo, deforestación y degradación de uso del suelo. Es decir aquellas acciones que llevaron justamente al rechazo de las poblaciones indígenas al ahora ya derogado Decreto Legislativo 1090. Bajo esta realidad, cualquier política política de desarrollo en el Perú debiera haberse orientado al diseño de un marco político, normativo e institucional que estableciera reglas ambientales estrictas, que limitaran la deforestación y la tala ilegal y que se orientaran a la eficiencia.
Todo lo contrario ha venido ocurriendo bajo el modelo del “perro del hortelano”. Se creó una autoridad ambiental con tal debilidad que no tiene funciones siquiera para revisar los Estudios de Impacto Ambiental, menos aún para exigir el cumplimiento de reglas a las actividades más contaminantes y con un organismo de supervisión – OEFA sin “dientes” para hacer cumplir la ley y las regulaciones ambientales.
MÁS VULNERABLES
El Perú es uno de los países más vulnerables a los efectos que produce el cambio climático. Estos efectos se dejan sentir en los cambios en los ecosistemas, en la presencia de eventos extremos – precipitaciones, sequías y heladas –, en el retroceso en los glaciares, en la escasez de recursos hídricos, en la pérdida de especies, entre otros. Por ello, resulta contradictorio
con las necesidades del desarrollo que “el perro del hortelano” y los decretos legislativos dictados bajo su égida, promoviesen
el manejo forestal con una lógica exclusiva de inversión con fines comerciales, olvidando que el bosque cumple ante todo funciones ecosistémicas, de protección de biodiversidad, de formación del ciclo hídrico, de captura de carbono.
Pensar en el bosque en la lógica del “perro del hortelano” es pensar tan sólo en la promoción de actividades que tienden a la deforestación, al cambio del uso del suelo y a los monocultivos para la producción de biocombustibles. Justamente todo lo contrario a que el fenómeno climático obliga. Respecto de la tierra, el “perro del hortelano” y los decretos legislativos
dictados bajo su lógica, promueven la inversión pero menospreciando la pequeña propiedad y promoviendo la inversión tan sólo en la de mediana y gran extensión, desconociendo así la realidad de campesinos minifundistas que son los guardianes de los cultivos nativos y de importantes áreas de agrobiodiversidad. Son justamente estas áreas y estos cultivos los más amenazados frente a los cambios de temperatura. Por ello, desconocer el rol de la pequeña propiedad y el del campesino es negar un factor cultural importante para el país. Si a ello sumamos los diversos intentos por permitir el ingreso de cultivos transgénicos a nuestro país, podemos rápidamente concluir que la lógica gubernamental desconoce la realidad climática que enfrenta el planeta y el país.
Las mismas contradicciones se encuentran en las afirmaciones del Presidente García sobre una supuesta “minería moderna” que no contamina, cuando nadie niega que la actividad minera es de alto impacto; o cuando se refiere a los obstáculos que genera la presencia de poblaciones indígenas a la extracción de los hidrocarburos.
CAMBIO DE MODELO
El Perú y cada uno de los ciudadanos, especialmente en las áreas de mayor pobreza, ya enfrentan día a día las consecuencias del cambio climático. Friajes y muerte de niños, pérdida de cultivos, heladas y pérdidas de pasturas y ganado, escasez de agua y conflictos por su acceso. El ciudadano no merece un modelo que no mire más allá de sus propias narices. No merece un modelo que desconozca o niegue lo evidente. El clima cambia, nuestra vida también. Le toca al modelo cambiar. |
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Yasuni ITT: una nueva iniciativa contra el cambio climatico
El gobierno ecuatoriano ha lanzado una innovadora propuesta que plantea una nueva posibilidad para luchar contra el cambio climático. Ésta es la iniciativa Yasuní ITT, cuyo nombre se debe a que se trata de mantener bajo tierra el petróleo que se encuentra en el Bloque ITT (Ishipingo-Tambococha-Tiputini), ubicado en el corazón mismo del Parque Yasuní.
Está ubicada en la región amazónica ecuatoriana, en las provincias de Pastaza y Orellana, el Parque Yasuní comprende una extensión protegida de 982,000 ha. y es una de las más grandes reservas de la biosfera del mundo. Allí habita el pueblo Waorani y es zona de caza y recolección de dos pueblos voluntariamente aislados, los Tagaeri y Taromenane.
La diversidad biológica en esta reserva es tan grande que sólo en una hectárea pueden encontrarse más de 650 especies de árboles. Es asimismo uno de los lugares con mayor diversidad de aves del mundo, registrándose unas 560 especies, así como unas 105 especies de anfibios, 83 especies de reptiles, 380 especies de peces y más de 100 mil especies de insectos por hectárea.
Esta propuesta tiene como objetivo preservar esta diversidad y proteger a los pueblos indígenas que habitan en este territorio, estableciendo una moratoria indefinida para la explotación de los más de mil millones de barriles que hay en el bloque, lo cual equivale al 20% del total de la reserva petrolera del país. Ofrece también la posibilidad de que unos 410 millones de toneladas de CO2 dejen de ser lanzadas a la atmósfera, lo cual aportará a la mitigación del efecto invernadero que afecta actualmente al mundo. Para un país con altos niveles de pobreza, no resulta sencillo renunciar a esta explotación. Sin embargo, ésta se enmarca en los principios de la Constitución ecuatoriana referidos al Buen Vivir y a los derechos de la naturaleza. La propuesta contempla que se compense al Ecuador, a cambio de dejar de producir gases de efecto invernadero (GEI), por el 50% de lo que producirían esos campos en los próximos diez años en caso de ser explotados, es decir más o menos unos 200 ó 300 millones de dólares al año. Éstos serían invertidos en proyectos de energía renovable, que seguirían contribuyendo a la reducción de las emisiones de CO2, así como en proyectos tendientes a conservar las áreas protegidas.
Como mecanismo, Ecuador propone la emisión de Certificados de Garantía Yasuní (CGY) y su reconocimiento formal como créditos de carbono, como una modalidad excepcional en el mercado ETS (Sistema de Comercio de Emisiones). Esta propuesta no sólo es innovadora, sino que es viable si se logra que conjuguen esfuerzos de los países desarrollados, de la ciudadanía, las empresas privadas y la cooperación internacional. Por lo pronto, ya Alemania ha ofrecido aportar al proyecto un monto anual de recursos durante 13 años y hay otros países interesados, según nos informa la reciente misión ecuatoriana que visitó Europa explicando la propuesta. Yasuní ITT es, en palabras del presidente ecuatoriano Rafael Correa, una “iniciativa para cambiar la historia”. En efecto, si llega a buen puerto, representará un cambio profundo enla manera en que se ha manejado la explotación de recursos y que tanto ha afectado al medio ambiente, a los pueblos indígenas y al porvenir del planeta.
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Documental Yasuni-ITT 2009 |
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Sobre este Artículo
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